• Año 4 N° 5 Otoño 2017

    Presentación.

    Diana B. Wechsler

    En su último libro, La furia de las imágenes (2016), Joan Fontcuberta dedica a la instalación de Erik Kessels Photography in Abundance (2011) varios párrafos que deseo retomar. Fontcuberta observa que la profusión de imágenes que nos rodean y la experiencia de internet y los medios de comunicación globales nos proveen la sensación de “estar dentro de la historia, pero sin la posibilidad de controlarla”. En relación con esta afirmación, sitúa la obra de Kessels, una instalación integrada por un millón y medio de fotos que, descargadas de internet e impresas a tamaño postal, invaden un edificio y fuerzan el recorrido por el espacio a la vez que se presentan como una invitación a la irrealizable tarea de ver y procesar ese enorme conjunto de imágenes. Estas fotos corresponden a la cantidad de archivos subidos a Flickr durante un período de 24 horas. Al menos este es el resultado de 2011.

    La instalación tiene el extraño aspecto de la ruina que procede de un conjunto de escombros después de una explosión. Es excesiva, inabarcable. Creo que esta evocación establece un interesante contrapunto entre los temas en los que centramos en el número 3 de esta revista, dedicado a pensar con imágenes, a la vez que se presenta en diálogo con el ensayo que publicamos de Néstor García Canclini, producido para su intervención en el 9º encuentro SUR GLOBAL,1 y en tensión con el tema elegido para el dossier de este número: arte y memoria.

    Es en esta tensión entre la profusión de la información (de todo tipo, no solo visual) y la necesidad de operar con la historia y con los hechos traumáticos donde elegimos situar la lectura. El conjunto de ensayos reunidos por Florencia Battiti, a quien invitamos a editar el dossier, se complementa con los dos diálogos que sumamos en este número: el de Voluspa Jarpa y el de Cristina Piffer. Ellos, junto con las intervenciones de Marcelo Brodsky, Rubén Chababo y Laura Ponisio, presentan distintas alternativas desde las que asumir –o intentarlo al menos– cierto “control”, para retomar la expresión de Fontcuberta, sobre archivos, historias y memoria. Un “control” que no será único ni conclusivo, pero que busca en cada caso ensayar formas para pensar el trauma y contribuir en un posible nunca más.

Curadurías

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