• Año 4 N° 5 Otoño 2017

    Dossier

    Acción Visual por Ayotzinapa.

    Marcelo Brodsky

    En primera persona, Brodsky relata cómo el pasado retorna sin aviso al presente y lo moviliza, lo resignifica. Al mismo tiempo que es invitado por el Colegio Nacional de Buenos Aires a exhibir en forma permanente la fotografía de su curso en la que interviene la imagen señalando el fatal destino de varios de sus compañeros durante la última dictadura militar, se produce en México la matanza de Ayotzinapa. Así, Brodsky reedita su ya famosa obra Buena memoria con alumnos actuales del Colegio que sostienen una de las consignas de los organismos de derechos humanos durante los años setenta: “Vivos los llevaron, vivos los queremos”.

    Todo empezó en el Colegio

    Primero la amistad, la intimidad, el diálogo, la convivencia, el estudio, la política, la represión, los que faltan. Pasar por el Colegio al inicio de la vida fue una escuela completa de formación personal.

    Años después, ya en democracia y volviendo del exilio, el ejercicio de la memoria con recursos visuales me llevó a producir el primer ícono de mi obra, la foto de mi clase con los desaparecidos señalados con un círculo rojo escrito a mano y un texto sencillo e íntimo que contaba algunos detalles de la vida de cada uno de mis compañeros. Fue la clave gestual de Buena Memoria y el inicio de mi experiencia como artista visual integrado en el debate cultural más amplio comunicando la experiencia a través de la obra a las nuevas generaciones. La narración de la experiencia personal convertida en referente colectivo. De la clase a la promoción, a la generación, a todos…

    La Clase ©Marcelo Brodsky, Buena Memoria, 1996, Buenos Aires, Argentina

    Veinte años después del golpe, la lectura de los nombres forma parte de la obra y de un ejercicio colectivo de recuento, los ¡Presente! se gritan tras el nombre, la imagen es levantada cada vez que se pronuncia. La imagen del Río de la Plata cierra el ensayo, “al río los tiraron, se convirtió en su tumba inexistente”. Llevamos el proyecto para construir el Parque de la Memoria y el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado después de haber leído nuestra lista y de haberla colocado en un monumento de bronce, creado por Pablo Reynoso, en el claustro central del Colegio, donde todo empezó.

    Otros veinte años después, gracias a la acción de sus familiares y del Equipo Argentino de Antropología Forense, se identificaron los restos de una de las desaparecidas del Colegio, Lila Epelbaum, hija de Renée Epelbaum, Yoyi, quien perdió otros dos hijos, fundadora de Madres de Plaza de Mayo y más tarde de la Línea Fundadora. Los restos de Lila son velados en el Colegio, en una pequeña urna. Se hace un acto en el salón de actos. Sus amigos leen poemas. Se proyecta su imagen guardada en los archivos de la Secretaría del Colegio. Sus familiares la recuerdan. Vienen muchos pañuelos blancos como homenaje a Renée, fallecida hace unos años sin encontrar a Lila. Saco fotos del acto, las hago llegar al Colegio y conozco al actual rector, Gustavo Zorzoli. Me invita a poner la foto de mi clase de 1967, intervenida en 1996, en el claustro central del Colegio en forma definitiva haciéndola parte de la historia de la institución, como el bronce con los nombres, el libro, el mural de venecita con rostros familiares, las placas de los ex alumnos ilustres. Acepto. Es noviembre de 2014. Algo está pasando en el mundo, en especial en México: han asesinado a tres estudiantes y han secuestrado a un grupo de 43 en un autobús en la ciudad de Iguala y están desaparecidos. Hay indignación internacional, hay impotencia. Se nos revuelve nuestra historia, ¡otra vez! Hay entre México y Argentina un diálogo cultural intenso, el exilio, los argenmex, la academia, las cátedras, los chistes, el deporte, el turismo… el flujo permanente de personas… Hay un flujo de ideas y de libros, de eventos y de imágenes. En particular en la fotografía, México es un referente latinoamericano ya que su gran maestro, don Manuel Álvarez Bravo, es el maestro de todos.

    Al fijar la fecha para inaugurar la instalación permanente de la foto de la clase en el claustro, acordamos con el rector convocar a los alumnos actuales del Colegio a hacer una nueva fotografía, en el mismo lugar en el que se hizo la foto de mi clase en 1967, el aula de música del subsuelo. Una fotografía que dialogue con la anterior y con nuestra historia y que proponga una consigna solidaria con las víctimas del secuestro en Iguala. Los desaparecidos son distintos y son los mismos, son estudiantes de otra escuela secundaria, secuestrados en otra geografía de América Latina, hay una cercanía emocional. Son como nosotros, como los alumnos de este colegio argentino, que tenemos una historia y que somos consecuentes con ella. Así como recordamos a nuestras víctimas, apoyamos a las víctimas de un colegio de otro país que tiene en este momento histórico problemas de secuestros y de asesinatos comparables a los que tuvimos nosotros hace treinta años.

    La relación entre las dos fotografías es el origen de la campaña. La primera foto intervenida, en la que están señalados los dos desaparecidos de una clase de la promoción Karajo 72 fotografiados en 1967, al empezar el colegio, sugiere a los alumnos actuales del Colegio que la desaparición podía sucederle a cualquiera que tuviera un pensamiento comprometido con su tiempo y con el país en los años setenta. Que hubieran podido ser ellos mismos si les hubiera tocado vivir antes. La identificación con el desaparecido, con la víctima, era el resultado de una analogía visual que trasponía el tiempo e invitaba a pensar en uno mismo, en lo que podía haberle pasado a uno, durante la época de la dictadura y del terrorismo de Estado en la Argentina. 110 víctimas de un mismo colegio eran testigo de esta posibilidad. Ahora, en esta nueva fotografía, la identificación daba un paso adelante: ya no era solo que “podríamos haber sido nosotros”, sino que, como “podríamos haber sido”, nos solidarizamos activamente con aquellos que, ahora, son.

    Así, 43 alumnos actuales del Colegio Nacional bajaron a la misma aula de la foto simbólica e hicieron su primera performance, su primera acción visual, y su entrada en el terreno del debate público internacional de derechos humanos poniendo el propio cuerpo y el propio rostro en el ejercicio de ese acto, interpelando a la comunidad global con un gesto colectivo hecho imagen, un gesto solidario con otros 43 estudiantes secundarios secuestrados violentamente y desaparecidos en México.

    Vivos ©Marcelo Brodsky, Colegio Nacional de Buenos Aires, 2014

    Tras definir la fecha del acto y de la toma, participé de Paris Photo, el principal encuentro anual de fotografía en el que coinciden fotógrafos, editores, curadores, productores de festivales, coleccionistas, directores de museos… La curadora de fotografía del Museum of Fine Arts de Houston, Anne Tucker, retirada a mediados de 2015, conoció el proyecto y sugirió que se convirtiera en una iniciativa global, que invitáramos a grupos de estudiantes de otros países del mundo a recrear la propuesta y a producir fotografías grupales en apoyo y en solidaridad con las víctimas de Ayotzinapa. Anne se comprometió a movilizar sus redes para apoyar la iniciativa. Con Anne y otros fotógrafos y curadores presentes en la feria se acordó realizar una acción visual internacional partiendo de la idea originada en la Argentina e invitando a distintos grupos de estudiantes y organizaciones sociales del resto del mundo a aportar sus propias imágenes y textos sostenidos y producidos por el colectivo. Cada grupo participante, cada organización, produciría la imagen de acuerdo con sus propios criterios y “escribiría” la frase que considerara adecuada para la campaña.

    Para ejecutar esta idea, fue necesario crear una organización que realizara la coordinación de la campaña y así surgió Visual Action. La misión que se planteó la ONG fue realizar campañas visuales de apoyo a los movimientos de derechos humanos, basadas en la producción de imágenes y en colaboración y relación directa con las organizaciones del sector. Esto se extendió luego a transmitir conocimientos de lenguaje visual a las organizaciones de derechos humanos existentes. Se redactó una nota conceptual que dice:

    Misión:

    La misión de Acción Visual es educar en pos del desarrollo del lenguaje visual como herramienta para la defensa, protección y promoción de los Derechos Humanos, y el de apoyar y colaborar con la búsqueda de la verdad y la aplicación de la justicia en los casos de violaciones de los derechos fundamentales.

    Objetivos:

    ⇒ Consolidar nuevas alianzas entre organizaciones sociales de Derechos Humanos y artistas visuales para que trabajen de manera conjunta en pos de objetivos comunes.
    ⇒ Educar a las nuevas generaciones en el lenguaje visual para empoderar su capacidad en el uso de la fotografía y en la creación de imágenes para un cambio social.
    ⇒ Desarrollar conciencia a nivel global acerca de la importancia de los Derechos Humanos y de la acción colectiva para su protección, a través del lenguaje visual.
    ⇒ Incentivar la producción y circulación de imágenes y acciones performáticas que den cuenta de casos de violaciones a los Derechos Humanos.
    ⇒ Colaborar con ONGs para facilitar la incorporación de la imagen a sus comunicaciones, en relación directa con su misión y para organizar sus activos visuales.
    ⇒ Facilitar el acceso al lenguaje visual y a las herramientas que permiten la difusión masiva en distintos tipos de redes (sociales, mediáticas, académicas, artísticas, etc.).

    Los 43 alumnos que participaron de la fotografía fueron seleccionados entre los estudiantes activistas del colegio, delegados, militantes, estudiantes comprometidos con distintas causas. Muchos de ellos tenían diferencias políticas entre sí, pero estaban todos de acuerdo en hacer un gesto todos juntos por los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. Participar de la fotografía fue un logro y un compromiso. Los alumnos produjeron los materiales visuales necesarios para armar la imagen en su aula de plástica con sus profesores de arte. Ellos mismos escribieron la letra del mensaje, que nos fue dictado desde México por la organización que defiende directamente a las víctimas de Ayotzinapa, Tlachinollan, Centro de Derechos Humanos de la Montaña, de Guerrero. Al ser muchos de los estudiantes menores de edad, se gestionó la autorización de sus padres. La foto se realizó en el aula de música con la colaboración de un equipo de producción.

    La experiencia concreta de producir una imagen en forma colectiva con un objetivo político o social, como acto solidario, la producción de las letras, la construcción compartida de la frase elegida, el proceso de autorización familiar y la participación personal de cada estudiante en el acontecimiento fotográfico constituyen un hecho transformador en la educación visual. Jóvenes acostumbrados al uso de la fotografía en sus comunicaciones cotidianas comprueban en una acción que la imagen puede tener usos distintos al que gira en torno a uno mismo, y puede incidir positivamente en la realidad transmitiendo mensajes, ideas y acciones. Al hacer uso de las herramientas de producción como protagonistas de una acción visual y de comunicación, los estudiantes aprenden de modo práctico el poder que tiene la imagen. Y luego lo comprobarán al ver la imagen que construyeron en la prensa nacional e internacional, en libros, exposiciones y material audiovisual. Del aula de música del subsuelo de un colegio en Buenos Aires a la página editorial y a la portada de un periódico en México.

    Inmediatamente después de realizar la toma, se iba a realizar la Feria del Libro de Guadalajara, en la que la Argentina era el país invitado. Con la fotografía lista, conseguimos ponernos en contacto por medio del fotógrafo Res con el Laboratorio Mexicano de Imágenes, al que le mandamos la imagen para que la imprimiera sobre una lona con la finalidad de hacerla llegar a la FIL. Varios invitados a la feria, como Tununa Mercado, Noé Jitrik, Guido Indij, Martín Kohan y Alicia Shua, participaron de una manera u otra en el transporte de la pieza desde México D.F. a Guadalajara y a la Feria. Al no haberlo previsto con anticipación, la imagen no pudo sumarse a la presencia “oficial” de la Argentina en la Feria; sin embargo, el stand de la Argentina en el recinto ferial sirvió para darle cobijo. Fue así como se realizaron diversos actos en la feria en los que la imagen sirvió como aglutinador y referente visual de la solidaridad de los intelectuales, escritores y editores argentinos con los 43 y con la movilización por su aparición con vida. La imagen se usó en un acto de editores en el que se contó hasta 43 en voz alta, en un acto de los escritores argentinos invitados, en un acto de las Abuelas de Plaza de Mayo, en un acto de homenaje a Juan Gelman con su esposa Mara Lamadrid, su hija Macarena y militantes de derechos humanos y en un acto de Elena Poniatowska con los familiares de los desaparecidos de Guerrero. La “manta”, como se la denominó en México, con los estudiantes secundarios argentinos y las banderas de ambos países cumplió un papel en la feria al permitir agrupar en torno de sí y de lo que simbolizaba una serie de acciones que contribuyeron a hacer presentes a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa en la Feria del Libro de Guadalajara de 2014.

    Con la foto lista se trabajó en la preparación de la convocatoria. La hicieron conjuntamente Visual Action y Tlachinollan, organización directamente responsable de la defensa legal de las familias de las víctimas en Guerrero, México. Este punto es central: desde el principio se trabajó junto con la organización que actúa sobre el terreno combinando su relación con las víctimas y con la evolución del caso con las relaciones de Visual Action en el campo del arte, la fotografía y los derechos humanos.

    Es importante resaltar en este punto que la iniciativa no se realizó “para” los organismos de derechos humanos como un apoyo externo a su causa, sino “con” el organismo de derechos humanos directamente involucrado en la defensa de las víctimas. Del mismo modo que sucedió con la iniciativa para crear el Parque de la Memoria de Buenos Aires, que partió de un grupo de activistas que plantearon la idea a los organismos y que, debido al éxito de la iniciativa, se convirtieron en un organismo más (Buena Memoria), la iniciativa solidaria por Ayotzinapa empezó con un grupo de activistas visuales que propuso a Tlachinollan, Centro de Derechos Humanos de la Montaña, de Guerrero, una acción con imágenes, una solidaridad visual global con su búsqueda de los 43, y para llevar adelante la iniciativa crearon un organismo (Visual Action) que realizó la convocatoria junto con Tlachinollan. Esta organización está formada por antropólogos y abogados, pero cuenta con un equipo de comunicación profesional y eficiente, que sin saber muy bien todavía en qué nos estábamos metiendo aceptó correr el riesgo de suscribir una convocatoria global con una organización que no conocía aceptando incorporar la acción visual a su movimiento desde sí mismo, no desde fuera. A partir de ese momento, la realización fue conjunta, tomando cada uno las decisiones más relacionadas con su práctica y su contexto. Visual Action coordinó la producción de imágenes, convocó a fotógrafos, organizaciones visuales, académicas, etcétera. Tlachinollan coordinó con los familiares, apoyó la búsqueda de recursos, recibió en tiempo real todas y cada una de las imágenes que se produjeron, y a la hora de presentar los resultado del proyecto, abrió las puertas de la Escuela Rural Isidro Burgos para que la exposición se realizara en sus instalaciones, con los padres de familia y más tarde con los dirigentes estudiantiles de la escuela rural. Las organizaciones sociales entienden la necesidad de comunicar, pero inicialmente no ven muy claro cómo hacerlo. El mismo proceso de producción de imágenes, el impacto que generan, su multiplicación en las redes sociales, y el inicio de algunas acciones públicas internacionales que difunden el caso en los medios y generan nuevas oleadas de solidaridad y de emoción compartida hacen que valoren la acción artística cada vez más, que la abracen, la apoyen, la compartan y la agradezcan. Al ver que lo visual moviliza, la organización social comprueba que es una herramienta poderosa para fortalecerla.

    Otro elemento central que se generó a partir de la iniciativa fue la consolidación de un conjunto de redes internacionales de producción e intercambio. El caso de los 43 es tan emblemático y potente en lo que representa (22.000 desaparecidos en México en los últimos años con complicidad de sectores del Estado) que las redes, activistas, artistas, comunicadores y docentes se suman. Hay indignación global con el caso. La solidaridad internacional se empieza a hacer sentir. De todos modos, muchos apoyan, pero no llegan a producir imágenes. La producción de imágenes requiere de una decisión concreta, específica de convocatoria de un grupo concreto, a una hora concreta para hacer una determinada fotografía. Esto, en general, es una tarea que coordina un fotógrafo, un artista visual o un activista, alguien comprometido no solo con el motivo, sino también con el lenguaje visual.

    Se redactó un documento de los dos organizadores en varios idiomas para convocar a la acción visual, que fue enviado a fotógrafos, organizaciones fotográficas, artistas, festivales, organizaciones académicas, organizaciones de derechos humanos, organizaciones artísticas y medios especializados. La convocatoria decía:

    Campaña visual internacional en apoyo a las víctimas de AYOTZINAPA
    Tlachinollan Centro de Derechos Humanos de La Montaña (México), Visual Action/ Acción Visual (Argentina) y distintas organizaciones de derechos humanos en América Latina.

    CONVOCAN
    A una ACCIÓN VISUAL INTERNACIONAL en solidaridad con AYOTZINAPA y las víctimas de la desaparición y los asesinatos sucedidos en septiembre pasado en Iguala, Guerrero, México.

    La campaña visual procura reunir a fotógrafos y grupos de estudiantes para que participen en la producción de una fotografía donde se muestre una consigna que exprese el apoyo, la simpatía y la solidaridad mundial con los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, con sus padres y sus madres quienes actualmente exigen la presentación con vida de sus 43 hijos, y siguen en lucha por conocer la verdad y acceder a la justicia por este acto de violencia brutal e inconcebible cometido contra un grupo de jóvenes estudiantes.

    Dentro de la fotografía deberá aparecer una frase o un mensaje con el cual fortalezcamos la exigencia de padres, madres y normalistas para que la Verdad y la Justicia prevalezcan en México. La producción de dicho cartel con el mensaje de apoyo será hecho por los propios estudiantes que participarán así de una experiencia educativa en la producción de imágenes con un objetivo social y solidario.

    Los estudiantes y organizaciones sociales de México recibirán estas imágenes para distribuirlas en el país y en las redes sociales, en coordinación con las organizaciones mexicanas de derechos humanos, como Tlachinollan, que representan a las familias de las víctimas, así como con otras organizaciones de Fotografía y de Derechos Humanos de México.

    La brutalidad ejercida contra los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa por la policía del Estado mexicano en Guerrero en complicidad con los señores del narco, demuestran un nivel brutal de violencia y de horror ejercido sobre el pueblo de México. Esto requiere de una acción inmediata en México y alrededor del mundo, de la que esta campaña forma parte, para que se sepa la verdad y para que los Mexicanos puedan encontrar garantías reales de no repetición y acceso a la justicia. Un fuerte apoyo mundial, público, colectivo y moralmente comprometido ayudará a los mexicanos y a sus organizaciones sociales a conseguir sus objetivos de verdad y justicia por Ayotzinapa.

    Se trabajó también en el desarrollo de un sitio web y de una página en Facebook para dar difusión a las imágenes que se recibieran. Con la fotografía de los alumnos del Colegio Nacional de Buenos Aires como referente, se envió la invitación a cientos de fotógrafos y de organizaciones. Primero la iniciativa fue aceptada por fotógrafos y cooperativas de fotógrafos de distintas partes del mundo, luego por algunos espacios de memoria de América Latina, y poco a poco se fueron sumando organizaciones académicas, artísticas y de derechos humanos. Empezaron a llegar las imágenes.

    El material recibido tenía distintas calidades de producción y de mirada. Las imágenes más interesantes fueron realizadas con la participación de fotógrafos, muchos de ellos aprovecharon sus relaciones con grupos de estudiantes o grupos de activistas sociales con los que ya estaban trabajando, o con escuelas de fotografía y otras instituciones artísticas. La calidad de las imágenes remitida por fotógrafos tenía un nivel parejo, mientras que las generadas por colectivos y grupos de estudiantes tenían un nivel más variado. Todas las imágenes se fueron subiendo al Facebook de Visual Action y se solicitó a las distintas organizaciones que se fueron sumando que las divulgaran también en sus propias redes sociales, con lo que se obtuvo un efecto de viralización de la campaña. Sitios web de noticias, en especial de México, empezaron a republicar las mejores imágenes de la campaña y alcanzaron públicos masivos. La movilización por Ayotzinapa continuaba y las imágenes contribuían a fortalecerla. Mientras recibíamos las imágenes, íbamos realizando la curaduría de las mejores para un proyecto de exposición y posible edición en el futuro. Todas eran remitidas a Visual Action, a Tlachinollan y a los editores de Luna Córnea, la principal revista de fotografía de México, editada por el Centro de la Imagen.

    Muchas imágenes llegaron a través de los canales establecidos por los organizadores, al día de hoy, 55 organizaciones distintas, desde la Universidad Autónoma de Morelos a Sub Cooperativa de Fotógrafos, el Photo Museum of Humanity, el Fotofest de Houston, la revista EMAHO de la India, Patshala de Bangladesh o la agencia Autograph de Londres, el Estudio Madalena de San Pablo, el Centro de la Imagen de Lima, el FAC de Montevideo, Lugar a Dudas de Cali, Libera de Italia, Goldsmith College y el Centre de la Photographie de Ginebra. Otras imágenes fueron producidas por organizaciones que supieron de la campaña a través de las redes sociales, y así llegaron fotos del Sahara Occidental o de Finlandia, donde no teníamos ningún contacto directo. Se recibieron imágenes de 25 países distintos de América, Europa, Australia y Asia. Todas fueron publicadas en el sitio de Facebook de Visual Action y muchas fueron reproducidas por diversos canales digitales, como Desinformémonos o el Jornal da Fotografía. Algunas se viralizaron y tuvieron gran circulación. La elección de las mejores quedó a cargo de Visual Action y de Alfonso Morales, curador de Luna Córnea (México). Las seleccionadas para hacer una posible exposición y un libro fueron 55 imágenes de 16 países. La Argentina e Italia, los que más produjeron.

    Libera.it, Encuentro Anual ©Lilia di Monte, Bologna, 2015
    Estudiantes Menonitas en apoyo a las víctimas de Ayotzinapa ©Giuseppe Oliverio, Paraguay, 2015

    Algunas producciones vinieron con anécdotas dignas de ser compartidas. La foto de Libera, organización antimafia italiana, juntó 20.000 personas en la plaza de Boloña. Una de las fotos del Photomuseum of Humanity en el Chaco Paraguayo la hizo su director Giuseppe Oliverio, pero antes tuvo que escuchar una discusión de 45 minutos en alemán antiguo (de la que no entendió una palabra) entre los dirigentes de la comunidad Menonita, que finalmente posó con sus sombreros y sus niños tras decidir apoyar a sus hermanos mexicanos, un país en el que hacía años la comunidad había estado establecida… La foto de Chaskielberg en Tokio, bajo la lluvia, con los paraguas en Ginza, de un grupo de estudiantes de fotografía, y la de Dhaka, con los jóvenes bengalíes de Patshala con un texto en su idioma, tan emocionante como incomprensible y contundente.

    Estudiantes del Instituto de Fotografía de Tokyo. Carteles: Ayotzinapa, Vive ©Alejandro Chaskielberg, Ginza Tokyo, 2015
    We are with Ayotzinapa ©Shahidul Alam, Dhaka, Bangladesh, 2014

    La primera exposición del conjunto de imágenes se hizo en la Feria del Libro de Buenos Aires. Los profesionales del libro, que ya habían actuado solidariamente en Guadalajara, aceptaron hacer la exposición durante la Feria, en la que la Ciudad de México era la invitada. También se produjo una foto con los profesionales del libro. Y el acto tuvo los primeros ecos mediáticos: en la delegación de México había varios periodistas y Tlachinollan nos señaló con quiénes deberíamos trabajar. La muestra en la Feria de Buenos Aires fue motivo de un editorial de La Jornada y empezó a ser conocida por los medios de México.

    Vivos los queremos ©Coalición Internacional de Organizaciones por los Derechos Humanos en las Américas, Dupont Circle, Washington, 2015
    Vivos se los llevaron. Vivos los queremos ©Nirvair Singh, Nueva Delhi, 2015

    La combinación de la exhibición de imágenes con un trabajo de comunicación en el contexto de la Feria dio a la acción un elemento de sorpresa y generó empatía. La amplia delegación mexicana se sintió homenajeada por este pequeño gesto solidario. Era necesario plantearse mostrar las fotos en México.

    A partir de ese momento, y en distintas direcciones, empezamos a buscar el lugar más adecuado y dispuesto a financiar la exposición. Los sitios vinculados al gobierno, todos ellos, no podían ni plantearse hacer una exposición sobre Ayotzi: el gobierno estaba queriendo pasar la página y dar carpetazo al asunto, y la movilización perdía fuelle. Hablamos con museos, universidades… finalmente decidimos que lo mejor sería que las fotos se mostraran en primer lugar directamente en la escuela donde estudiaban los 43, y Tlachinollan consultó con los familiares si eso sería posible. Hubo una reacción positiva; con esta posibilidad en la mano, solicitamos financiación para la acción visual en la escuela a organizaciones de financiación internacionales. Pese a que inicialmente nos habían planteado dudas, cuando faltaban apenas dos meses para que se cumpliera un año del secuestro (26 de septiembre), la Fundación Ford aceptó financiar la exposición. A partir de ese momento pusimos manos a la obra, a conseguir las imágenes en alta resolución de todos los productores y a presupuestar la impresión en un material vinílico adecuado para exteriores, ya que la Escuela Rural es un espacio totalmente abierto, una vieja hacienda transformada en escuela. La curaduría siguió criterios de calidad y relevancia visual y se agregó la diversidad que cada imagen podía aportar, la emoción del texto elegido, el país de origen, la presencia de organizaciones de distintos perfiles y de grupos diversos (indígenas, estudiantes, abogados, activistas, etcétera). Se buscaba que quedara claro que la desaparición de los 43 afectaba a personas en distintos lugares del mundo, de edades y profesiones diferentes, que se habían tomado el tiempo y habían hecho el esfuerzo necesario para producir una imagen solidaria para apoyarlos. La corriente afectivo-visual no necesitaba más explicaciones.

    We are watching you Ayotzinapa ©Vikki Bell, Goldsmiths, University of London, UK, 2014
    What have you done ©Luisa Menazzi Moretti, Venecia, 2014

    Fue importante en este momento aglutinar apoyos en México para que el gesto tuviera un fuerte anclaje local. En ese sentido, la participación de Tlachinollan en la convocatoria resultó esencial. Fue posible conseguir otros apoyos, de organizaciones periodísticas como Periodistas de a Pie, de periodistas con peso propio, como el director de Opinión de La Jornada, Luis Hernández Navarro, de intelectuales como Elena Poniatowska, de críticos y curadores como el director de la revista Luna Córnea, Alfonso Morales, o de Laura González del Instituto de Investigaciones estéticas de la UNAM, de fotógrafos como Pablo Ortiz Monasterio, de fundaciones como Avina (México) y de universidades como la Autónoma de Morelos y su departamento de extensión, presidido por el poeta Javier Sicilia. La unión de recursos locales hizo posible que la convocatoria a la inauguración de la exposición en la escuela tuviera tracción y convocara a los medios de comunicación. Más aún porque sucedió justamente dos semanas antes de que se cumpliera un año del secuestro y a la semana siguiente de la presentación en México del informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que demolía la explicación dada por el gobierno de Enrique Peña Nieto sobre lo que había sucedido en Iguala.

    En un scouting realizado con un mes de anticipación, el Laboratorio Mexicano de Imágenes había enviado a un grupo de especialistas para analizar el espacio expositivo en la escuela. Las fotos en vinilo serían colgadas de cables de acero, tendidos desde los balcones y con distintos sistemas de fijación para hacer posible un montaje profesional capaz de sostener el paso del tiempo a la intemperie. La producción de un complejo sistema expositivo transformó el patio de la escuela en una galería a cielo abierto, y el pasillo de acceso de los estudiantes al comedor de la normal en una galería de tránsito diario, donde las imágenes tendrían presencia cotidiana. Junto con Alfonso Morales y Pablo Ortiz Monasterio, dispusimos las fotografías en el espacio, acompañados por la curiosidad de los estudiantes, que pronto sabrían de memoria de qué 16 países habían recibido imágenes: ¡la India!, ¡Japón!, ¡Italia!, ¡Bangladesh!, ¡Brasil!, ¡Suiza!, etcétera. Las fotos, en su gran mayoría horizontales, se copiaron a 50 x 70 cm y tenían unos ojalillos de metal para poder colgarlas de los cables de acero y un sistema de fijación con chapitas abrazaderas.

    Promediando el montaje, se planteó la posibilidad de realizar dos fotografías más en la escuela, de las que habíamos hablado con Tlachinollan. Una con los alumnos de la Escuela, otra con los familiares. Podría parecer fácil ya que estábamos allí. No lo fue para nada. Para realizar la foto con los estudiantes de Ayotzinapa, fue necesario primero tener una reunión con su dirigente estudiantil ya que la escuela se caracteriza por una fuerte disciplina interna. Hay responsables organizativos y políticos entre los estudiantes, que son elegidos por el colectivo y ejercen un mando concreto sobre el alumnado, que es respetado a rajatabla. La reunión empezó con la cita de un personaje omnipresente en los murales pintados en las paredes de la escuela, un argentino. Al cantar “aquí se queda la clara, la entrañable transparencia, de tu querida presencia, comandante… Che Guevara” se rompieron todos los hielos y se hizo posible la preparación de la fotografía grupal de los estudiantes de primer año de la escuela rural, que tienen la misma edad que tenían los 43 secuestrados y los tres asesinados, pertenecientes a la orientación bilingüe de primer año (en la que el aprendizaje se realiza en su lengua indígena y en español). Esta fotografía con los estudiantes sentados en una de las escaleras del complejo rodeada de pinturas murales fue enviada el mismo día en que se hizo al laboratorio en la Ciudad de México para poder incluirla en la exposición en un formato mayor que todas las demás, en 3 x 2 metros.

    Estudiantes Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, Ayotzinapa, Guerrero, Mexico ©Marcelo Brodsky, Ayotzinapa, Mx, 2015

    Pocos minutos antes de la inauguración, y en un “tempo” muy propio de la Sierra de Guerrero, conseguimos que los familiares se pusieran de acuerdo y se sentaran todos juntos con su mensaje frente a una gran bandera con los retratos de los 43 desaparecidos. Los familiares de las víctimas, los padres y madres de familia, sosteniendo en la Escuela la misma frase que había dado inicio a la campaña, “Vivos los llevaron, vivos los queremos” completaban de alguna manera un círculo conceptual que trascendía la idea inicial y la llevaba al corazón de la comunidad afectada.

    La camioneta que traía a los invitados especiales a la inauguración trajo de la Ciudad de México la fotografía impresa en gran formato de los estudiantes de la escuela. Venían en la camioneta periodistas mexicanos e internacionales y dirigentes de organizaciones de derechos humanos de América Latina, como los directores ejecutivos del CELS (Argentina), Gastón Chillier, y de Conectas Direitos Humanos (Brasil), Jessica Carvalho Morris, del Instituto de Defensa Legal del Perú y las Fundaciones Ford y Avina. Tlachinollan organizó un almuerzo en la escuela para recibirlos e intercambiar información y recursos. Su fundador, el antropólogo indigenista Abel Barrera, dio un panorama del estado de la causa y explicó por qué resultaba movilizador para los familiares que se los siguiera buscando con vida. En los discursos en la inauguración, Abel Barrera resaltó la importancia de la solidaridad internacional con su causa para que no se sintieran solos, el dirigente del Centro de Estudiantes nos respondió citando un texto de Ernesto Guevara y agradeciendo la exposición. Los dirigentes internacionales de derechos humanos plantearon la importancia del caso Ayotzinapa en el mundo y el apoyo de sus organizaciones. Los familiares se plantaron con sus fotos en la mano frente a los medios combinando las fotos que cargaban con las que estaban colgadas en la exposición. Fue un acto de inauguración con fuerte impacto emocional y político. Se generó una confluencia de imágenes y discursos que dio profundo sentido al esfuerzo realizado.

    La prensa nacional se hizo eco de la exposición publicando muchas de las imágenes de la campaña. Reforma publicó en su suplemento cultural del domingo 6 de septiembre, el día que se dio el informe de la CIDH, una selección de fotografías de la campaña en todo el mundo y un amplio reportaje sobre la acción visual. La Jornada publicó en portada el domingo 13 de septiembre la fotografía de los estudiantes de la normal con el cartel. Hubo reportajes radiales, televisivos y en línea y la BBC de Londres publicó en la parte de cultura de su noticiero internacional un reportaje sobre la acción, realizado por su corresponsal en México. La campaña se integró a las acciones que se hicieron en México para recordar el primer año del secuestro, las que, junto con el informe de la CIDH, dieron nuevo aire a la causa y exigieron al gobierno mexicano que profundice la investigación.

    Se realizó un video con reportajes a todos los invitados internacionales y con una crónica de la exposición, que se publicó en distintas redes. Al cumplirse el año del secuestro, el 26 de septiembre, la muestra ser instaló de distintas formas en otros tres espacios educativos, la Rectoría de la Universidad Autónoma de Morelos en Cuernavaca, el Claustro Central del Colegio Nacional de Buenos Aires y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En todos ellos se inauguró con presencia de estudiantes y representantes de organizaciones sociales y de derechos humanos. Una de las 55 organizaciones que convocaron a la acción, el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago de Chile, se hizo cargo del diseño y producción de un catálogo con las imágenes. Se solicitaron textos y cada uno de ellos cumple un rol distinto y complementario en la publicación. La introducción de la escritora mexicana Elena Poniatowska entiende la situación que se han visto obligadas a pasar las familias de las víctimas como una forma de tortura. El poeta chileno Raúl Zurita presenta el secuestro como un crimen contra la humanidad. Ricardo Brodsky, director del Museo, resalta la importancia de la imagen en la acción colectiva. El antropólogo Abel Barrera escribe un extenso poema sobre el dolor desde la perspectiva de una familia afectada. El periodista mexicano Luis Hernández Navarro da el marco político de la situación en el estado de Guerrero y la ensayista Laura González, de la UNAM, realiza un análisis crítico de la campaña visual y del aspecto simbólico de los 43 como expresión visible de los miles de casos de secuestros y asesinatos que están sucediendo en México en estos últimos años. Todos se refieren a la imagen y a la solidaridad visual como un factor de fuerte impacto cultural y emocional, y como una forma concreta e innovadora de actuar sobre un caso de violación a los derechos fundamentales.

    La editorial RM, una de las principales editoras y distribuidoras de libros de fotografía y de arte de América Latina, distribuirá el catálogo, que se presentó en noviembre de 2015 en Paris Photo, en el mismo lugar en el que se originó la campaña un año antes.

    La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con revistadeestudioscuratoriales@untref.edu.ar.

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