“Tengo una deuda de gratitud en relación a la UNTREF”
Artista visual, educadora y académica, Mariela Yeregui fue una de las protagonistas de la creación y consolidación de la formación en Artes Electrónicas. Reivindica a la universidad pública como espacio de democratización del conocimiento.
11-08-2026
Desde muy chica supo que el arte iba a ocupar un lugar central en su vida. Sus juguetes estaban relacionados con hacer, modelar, pintar y dibujar. Más tarde estudió Historia del Arte, se acercó al cine y se formó en montaje. Ese recorrido, que parecía alejarla de las artes visuales tradicionales, terminó llevándola hacia un territorio en el que las disciplinas comenzaron a cruzarse: las Artes Electrónicas.
Su llegada a la UNTREF estuvo vinculada precisamente con ese espacio en construcción. Un compañero de la escuela de cine, Julio Bertolotti (actual coordinador de la Licenciatura en Producción Audiovisual), le habló de una nueva carrera de Artes Electrónicas y le propuso conocer al coordinador de entonces, Norberto Griffa. Yeregui dio una primera charla y, poco después, comenzó a dictar el Taller de Imagen. Con el tiempo, también participó en el diseño de la propuesta académica.
“Fue muy apasionante ver cómo un espacio va surgiendo, se va consolidando”, recuerda. Años después, ya instalada en los Estados Unidos, notó algo al regresar a la UNTREF: el lugar que ella había impulsado ya se encontraba totalmente consolidado. “Realmente me siento privilegiada al ver el crecimiento y la consolidación de esta formación”, dijo la artista.
Yeregui fue fundadora y directora de la Maestría en Tecnología y Estética de las Artes Electrónicas, una propuesta que se convirtió en una referencia en el campo. Su vínculo con esa creación es tan profundo que, cuando le preguntan por la Maestría, asegura: “A veces la considero como parte de mi obra”.
La comparación no es casual. Para ella, crear un espacio de formación también implica construir un territorio de experimentación, diálogo y producción de conocimiento. Pero ese territorio, una vez consolidado, debe poder transformarse y continuar más allá de quienes participaron en sus primeros pasos. “También es bueno alejarse y darle el paso a otros”, expresó.
El valor de lo transdisciplinar
Una de las ideas que atraviesa su recorrido es la de transdisciplinariedad. Frente a los límites tradicionales entre los campos del conocimiento, Yeregui propone pensar las prácticas artísticas y tecnológicas desde el cruce y el diálogo. “A mí me gusta hablar de lo transdisciplinar, el conocimiento que se atraviesa horizontalmente”, explica. Y define esa experiencia como “una forma maravillosa de diálogo, de interactuar con el otro, de permitirse ser transformado por el otro”.
Su propia producción artística se encuentra atravesada por esa búsqueda. Entre sus obras se destaca Proxemia, una instalación robótica compuesta por 25 esferas que presentan un comportamiento fóbico: ruedan por el espacio y, cuando encuentran otra esfera o a una persona, cambian de dirección para evitar el contacto. La creación propone una reflexión sobre las relaciones entre individuos y comunidades, pero también permite comprender la manera en la que Yeregui aborda la tecnología: no como un fin en sí mismo, sino como un medio para construir experiencias y formular preguntas sobre la vida contemporánea.
Una universidad que democratiza el conocimiento
El regreso a la UNTREF también llevó a Yeregui a reflexionar sobre el carácter público de la universidad y sobre el lugar que ocupan propuestas que se apartan de los recorridos académicos tradicionales. “Primero, que sea una universidad pública nos hace ver que es un espacio de democratización del conocimiento”, afirma.
En ese sentido, destaca especialmente la posibilidad de que una universidad ubicada en el territorio pueda ofrecer formaciones que no responden necesariamente a los cánones habituales. “Que pueda salir de los cánones habituales, de las carreras tradicionales me parece muy importante, sobre todo para una población que, tal vez, si no estuviera en un espacio comunitario, como es el Partido de Tres de Febrero, quizás no hubiese ido a la universidad”, señala. Para ella, esa dimensión territorial no es un aspecto secundario. Forma parte de la identidad de una universidad que puede ampliar el acceso al conocimiento y, al mismo tiempo, abrir entornos para disciplinas y prácticas que durante mucho tiempo ocuparon lugares marginales dentro de las estructuras académicas.
“La UNTREF fue mi casa, me albergó durante mucho tiempo, fue mi espacio de desarrollo en donde pude explorar en las Artes Electrónicas”, dijo e indicó: “Yo tengo una deuda de gratitud en relación a la UNTREF y a la comunidad UNTREF”.
Para quien alguna vez participó de su inicio, volver y encontrar ese espacio en funcionamiento es también una manera de comprobar que las ideas pueden adquirir vida propia. En ese recorrido, la carrera no termina cuando su creador se aleja: continúa en las personas, los proyectos y las comunidades que la hacen crecer.

