La ciencia que ayudó a las Abuelas a recuperar la identidad de sus nietos

Día Nacional del Derecho a la Identidad: Víctor Penchaszadeh recordó cómo comenzó a colaborar con Abuelas de Plaza de Mayo y explicó el desarrollo del índice de abuelidad, herramienta vital para identificar a hijos de desaparecidos.

23-10-2026

Víctor Penchaszadeh vivía en Nueva York cuando recibió una visita que marcaría su trayectoria profesional. Chicha Mariani y Estela de Carlotto, dos de las referentes de Abuelas de Plaza de Mayo, se acercaron a él con una pregunta que cambiaría la historia de la genética aplicada a los derechos humanos: ¿era posible identificar a los niños apropiados durante la última dictadura militar argentina aun cuando sus padres estuvieran desaparecidos?

“Al unísono me dijeron: ‘Víctor, vos sos argentino, sos genetista, vivís en el centro del mundo. ¿Me podés decir a qué cosa más importante te podés dedicar que a encontrar la manera científica de identificar a nuestros nietos?’. Yo me quedé helado por la fuerza que emanaba de esas dos señoras que habían demostrado unas agallas increíbles”, recordó el especialista.

A partir de aquel encuentro, Penchaszadeh estableció contacto con la genetista estadounidense Mary-Claire King, que encabezó el equipo científico que desarrolló el índice de abuelidad. Esta herramienta permitió determinar vínculos biológicos entre abuelos y nietos sin necesidad de contar con muestras genéticas de los padres.

“La genética fue el vehículo y la tecnología que permitió identificar a los niños robados durante el terrorismo de Estado”, sostuvo Penchaszadeh, que actualmente dirige la Especialización en Genética, Derechos Humanos y Sociedad de la UNTREF.

Una respuesta científica a la búsqueda de las Abuelas

El índice de abuelidad se basa en el principio de que cada persona hereda información genética de sus padres y, a través de ellos, de sus cuatro abuelos. Mediante el análisis de marcadores genéticos y herramientas estadísticas, es posible determinar la probabilidad de que exista un vínculo biológico entre personas de distintas generaciones.

“Todos los seres humanos recibimos nuestros genomas de nuestros padres, pero a su vez de los cuatro abuelos. Todos tenemos parte de los genomas de nuestros cuatro abuelos en nuestro propio genoma. El asunto es cómo se estudia eso”, explicó.

El especialista señaló que, durante la década de 1980, las técnicas disponibles permitían estudiar determinados productos de la información genética. Con esos recursos, los investigadores desarrollaron procedimientos estadísticos capaces de establecer relaciones de parentesco con un alto grado de certeza. Según detalló, cuando los resultados son compatibles con el vínculo investigado, la probabilidad puede superar el 99%, lo que permite establecer que la coincidencia genética no se debe al azar.

Este avance fue decisivo para la búsqueda de los niños apropiados durante la dictadura y sentó las bases para el desarrollo de nuevas herramientas de identificación genética.

La identidad como derecho

Cada 22 de octubre, la Argentina conmemora el Día Nacional del Derecho a la Identidad, establecido por la Ley 26.001 en reconocimiento a la lucha de Abuelas de Plaza de Mayo, organización fundada en 1977.

Para Penchaszadeh, el papel de las Abuelas fue determinante no solamente en la recuperación de sus nietos, sino también en el reconocimiento de la identidad como un derecho fundamental. “Sin las Abuelas no hubieran existido 140 personas que hayan recuperado su identidad. Esa es la importancia que han tenido las Abuelas para que el derecho a la identidad sea ley en la Argentina”, afirmó.

La articulación entre el trabajo de las organizaciones de derechos humanos y la investigación científica permitió desarrollar procedimientos que trascendieron el caso argentino y se convirtieron en una referencia internacional para la identificación de personas y la restitución de identidades.

Una genética comprometida con la sociedad

La relación entre ciencia y derechos humanos también constituye uno de los ejes centrales de la Especialización en Genética, Derechos Humanos y Sociedad. La propuesta académica aborda las implicancias sociales, éticas y políticas de la genética desde una perspectiva interdisciplinaria y busca formar profesionales capaces de vincular los avances científicos con las necesidades de la sociedad.

“La Especialización tiene una experiencia excelente. Ya llevamos cinco cohortes, todo en forma interdisciplinaria. Pienso que le estamos haciendo un buen favor a la genética porque la estamos poniendo en contacto con la sociedad, los problemas sociales y las necesidades de la gente”, concluyó.

A casi cinco décadas del inicio de la lucha de las Abuelas, la experiencia de Penchaszadeh demuestra cómo una demanda social puede orientar la investigación científica hacia la defensa de derechos fundamentales. Una historia en la que la genética dejó de ser solamente una herramienta para estudiar la herencia biológica y se convirtió también en un instrumento para recuperar identidades.