Glaciares bajo debate: vacíos y desafíos en la nueva ley
Mientras el proyecto avanza, el investigador y docente de Ingeniería Ambiental, Nazareno Castillo, advierte que algunos glaciares podrían perder protección por criterios dispersos y evaluaciones ambientales optativas.
07-04-2026
El proyecto de Ley de Glaciares (Ley 26.639) impulsado por el oficialismo y que ya tiene media sanción del Senado tiene vacíos críticos: zonas grises que podrían permitir que ciertos glaciares, hasta ahora protegidos, queden expuestos a actividades extractivas. Para Nazareno Castillo, docente de Ingeniería Ambiental, estos vacíos representan un riesgo para el ecosistema y las comunidades que debe ser tenido en cuenta.
Un glaciar, explica Castillo, no es solo hielo: es un reservorio natural de agua, que libera sus caudales estacionalmente, alimentando ríos y humedales ricos en biodiversidad. “Y en verano, tienen una mayor participación de agua que va a los ríos y alimentan cuencas”, señala.
La ley vigente – sancionada en 2010 - protege a todos los glaciares, prohibiendo actividades extractivas en las zonas que cumplen función hídrica. Pero el proyecto en discusión traslada a las provincias la decisión sobre qué glaciares son relevantes, permitiendo actividades extractivas.
En este marco, Castillo reconoce que analizar cada glaciar caso por caso – tal como estipula el proyecto de ley actual - tiene sentido, pero advierte que no se establecen criterios comunes para evaluar la función hídrica, sino que por el contrario, queda a criterio de cada provincia decidir qué glaciar merece protección.
“No estoy de acuerdo en que no se definan criterios comunes para hacer una evaluación de impacto ambiental de las actividades extractivas y tampoco el hecho de que realizar esta evaluación sea algo optativo y no obligatorio”, indica, y explica que el daño que pueden generar estas acciones no queda circunscripto a una determinada región. “Hay que tener en cuenta, también, que muchas cuencas atraviesan varias provincias, por lo que un daño local puede repercutir a cientos de kilómetros de distancia”, afirma.
Según él, estas situaciones debilitan la coherencia de la ley y deja brechas que podrían ser explotadas. Como posible solución, propone que las empresas privadas que realicen actividades extractivas financien sistemas de monitoreo ambiental para demostrar que sus actos no ocasionan riesgos al medioambiente.
Ante estos desafíos, la ingeniería ambiental juega un papel central. No solo se trata de estudiar ecosistemas o medir impactos, sino de proponer soluciones basadas en evidencia científica que integren las dimensiones social, económica y ambiental.
En la era del Antropoceno, donde la acción humana tiene la capacidad de modificar el planeta, la ingeniería ambiental se vuelve central. Para Castillo, educar en evidencia científica y considerar todas las dimensiones de un problema —social, económica y ambiental— es la clave para proteger los glaciares y los ecosistemas que dependen de ellos.

