• Presentación

    En el MUNTREF Centro de Arte y Naturaleza se inauguraron muestras del artista y biólogo argentino Pablo La Padula y de la artista peruana Claudia Coca.

    Las nuevas muestrasdel MUNTREF Centro de Arte y Naturaleza,  Zoología Fantástica de Pablo La Padula, y No digas que no sé atrapar el viento de Claudia Coca, combinan a la ciencia con el arte, e invitan a los espectadores a tener una mirada crítica, propia del mundo científico, sin evadirsedel aspecto social que reivindica la tradición y la historia de los pueblos, a la vez que destacan el particular vínculo de los humanos con la naturaleza.

    “La relación de los seres humanos con la naturaleza fue quizás el primer tema en aparecer en la historia del arte. La representación artística de la naturaleza está estrechamente vinculada con la percepción social del mundo natural, al mismo tiempo que los artistas contribuyen a un cambio progresivo en la forma en que se relacionan con ella y la visualizan”, señaló el rector Aníbal Jozami, director de los Museos de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (MUNTREF), durante la apertura del evento.“Esta inauguración es especialporque me encuentra acompañado de dos artistas brillantes. Pablo La Padula tiene una gran trayectoria en el mundo científico y Claudia Coca plasmó en sus obras el sentido latinoamericano en relación al rescate de las tradiciones y de la conjunción de las mismas con el arte”, resaltó Jozami.

    El trabajo de La Padula puede verse en la planta baja de la ex confitería El Águila e invita a releer las marcas histórico-culturales que residen en los dispositivos científicos y en sus interpretaciones, así como en las decisiones que se toman para la difusión científica, y las formas que estas construcciones asumen en el imaginario social. Los materiales que se utilizan, el montaje, la iluminación y el sistema de organización, se unen para colocar al espectador en el lugar del científico.

    “No me importa si esta muestra es artística o científica. Es un desafío y quiero plantear con ella que arte y ciencia son dos instrumentos para conocer la realidad y ninguna está por encima de la otra”, afirmó La Padula. Además, recordó la importancia que tuvo en su carrera el zoológico como lugar de visita cotidiana de su infancia, situación que contribuyó a que estudiase las ciencias biológicas.

    El MUNTREF Centro de Arte y Naturaleza, ubicado en el ex zoológico porteño – en proceso de convertirse en un Ecoparque Interactivo- es el quinto museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. El edificio en donde funcionaba la mítica confitería El Águila fue recuperado por la UNTREF.

    Diana Wechsler, directora del Departamento de Arte y Cultura y de la Especialización y Maestría en Curaduría en Artes Visuales de la UNTREF,y curadora, junto a BenedettaCasini, de ambas muestras, destacó la importancia de haber logrado reinventar este espacio: “estamos muy contentos de haber tenido la chance de ocuparnos de este espacio que, no hace mucho tiempo, era una ruina. A partir de esto podemos empezar a imaginar que desde este lugar se pueden albergar otras cosas y eso es parte de los retos que nos proponemos y de los desafíos que nos trazamos”.

    Por su parte, No digas que no sé atrapar el viento, de la artista peruana Claudia Coca, sitúa en el primer piso de este centro, en un contexto revisitado, a la ciudad y a todos sus habitantes, desde los humanos hasta los animales y las plantas. En este proyecto están presentes las palabras, citando versos de la “poesía indígena” de América, junto con otras voces latinoamericanas.La artista, ganadora de la beca de la Residencia de Arte del MUNTREF Centro de Arte y Naturaleza, enfatizó en el peso del vínculo que el artista establece con la sociedad. “El arte contemporáneo está siguiendo la ruta de la construcción del pensamiento y del conocimiento”, señaló.

    En la inauguración estuvieron presentes, además, el embajador de Perú en la Argentina, Peter Camino; la asesora en Gestión del Patrimonio Histórico de la Ciudad del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Leontina Etchelecu; los reconocidos artistas plásticos Marie Orensanz, Cecilia Catalin, Diana Schufer, Diego Bianchi y, el iraní, Reza Armarmesh; y los coleccionistas de arte Juan Cambiaso, Sergio Quattrini y Florencio Vals.

    “El trabajo de estos artistas nos invita a pensar con este espacio, con estos materiales, con puntos de vista diferentes e introducirnos en la relatividad de la mirada, en la posibilidad de hacer trayectorias históricas y  de poner juntos a la ciencia y al arte. El trabajo de Pablo y el de  Claudia es una invitación a convertirse en científicos y a que puedan advertir que estos lugares no tienen una mirada única. Ustedes serán científicos con el trabajo de Pablo y naturalistas y viajeros a través de la mirada crítica de Claudia”, cerró Wechsler.

    El MUNTREF Centro de Arte y Naturaleza, ubicado en Avenida Sarmiento 2725 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se encuentra abierto de miércoles a domingo de 14:00 a 19:00 horas. Quienes deseen obtener mayor información pueden comunicarse vía mail al correo muntrefarteynaturaleza@untref.edu.ar o telefónicamente al 4805-0409.

  • Pablo La Padula

    Pablo La Padula: doctor en Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Universidad de Buenos Aires. Se formó en arte con Goldenstein, Gorriarena, Stupía, y teóricos como Speranza y Katzenstein en la Universidad Torcuato Di Tella. Su obra ha sido expuesta en instituciones como MALBA, Fundación PROA, Colección Fortabat, Centro Cultural Recoleta, Centro Cultural General San Martín, Palais de Glace, Centro Cultural Ricardo Rojas, Casa Nacional del Bicentenario, Centro Cultural Kirchner y en el MUNTREF Centro de Arte Contemporáneo-Premio Braque 2017. Su obra integra colecciones privadas y la del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Desarrolla una activa plataforma de diálogo entre arte, ciencia y naturaleza.

    TEXTO CURATORIAL

    Pablo La Padula

    Zoología fantástica

    Cada espacio demanda unas claves de lectura singulares para su desciframiento. El universo de las ciencias naturales –entre la biblioteca, el laboratorio, el bioterio y el zoológico– es el elegido por Pablo La Padula para ensayar una serie de derivas que invitan a releer las marcas histórico-culturales que residen en los dispositivos científicos y en sus interpretaciones, así como en las decisiones que se toman para la difusión científica y las formas que estas construcciones asumen en el imaginario de la sociedad. La Padula, artista, indaga estos horizontes conociendo su orden para dislocarlo y en esa operación, básicamente estética, abrir otras preguntas y arrojar luz sobre aspectos desatendidos para alumbrar una Zoología fantástica.

    En sus palabras: Zoología fantástica se monta visualmente sobre la controversia de las especies biológicas y su cuestionable pertinencia (a través del concepto de barrera reproductiva) como metáfora cultural que valida la abolición de la interpenetrabilidad entre los seres vivos diferentes. Olvida de esta forma que en la diversidad biológica y en su gran flujo génico subyace el poder de desarrollo y adaptabilidad de la vida ante lo nuevo. Y es a través del apoyo mutuo (Piotr Kropotkin, 1890-96) entre lo diferente, justamente, que la vida se abre paso y garantiza la gran cadena armónica de los seres; cuestiona esta idea la imperialista metáfora de la supervivencia del más fuerte o apto (Charles Darwin, 1859).

    Sobre ese bello lente puro y cristalino, que la ciencia positivista victoriana consolidó en un modo de ver verdadero, y definitivo, Zoología fantástica propone su embrumamiento a través de una operatoria de confusión visual. Se vale para ello de dar vuelta como una media una museografía del orden de lo taxonómico de las palabras y las cosas (sic: Michel Foucault, 1966) tomando como variable el uso de la imagen como traccionadora anacrónica en la construcción de los modos de ver (sic: John Berger, 1972).

    Zoología fantástica parte de las singularidades de las fabulosas quimeras aristotélicas de Plinio el Viejo y su tamización futura a un concepto moderno de especie normatizada como corpúsculo o átomo que flota inerte y solitario en un espacio newtoniano carente de referencia o jerarquía. Y llega a su borde explicativo, en el que el principio de incertidumbre y la cuántica de comienzos del siglo xx proyectaran a una biología molecular y transgenética de especies, en el que todo se revuelve generativamente y, en hipérbole temporal, nos sitúa sobre los albores del pensamiento sobre lo vivo y su inefable definición y clasificación. A partir de este caos generativo, y la obsolescencia evolucionista, Zoología fantástica busca refugio y redención en un dispositivo polisémico y horizontal como lo fueron y son los gabinetes de maravillas biológicas transdisciplinares de todos los tiempos.

    Con recursos diversos, unos procedentes del laboratorio, otros de la recolección de materiales de la naturaleza y otros de la imaginación científica y la literatura, La Padula construye esto que asume la forma de una gran instalación –integrada por varias zonas que se leen como parte de un sistema y en relación con él–. Sus materiales se encuentran con una lógica de montaje, iluminación y sistema de organización que pone al espectador en el inquietante lugar de quien ha de descifrar las claves ocultas entre las piezas. Lo pone virtualmente en el lugar del científico proponiéndole plantearse alguna hipótesis de lectura que le permita entrar en este mundo singular, entre el arte y la ciencia, entre la materia y la imaginación.

    Diana B. Wechsler

    Curadora

     

  • Claudia Coca

    Claudia Coca: Artista  visual. Su obra provoca una reflexión crítica sobre temas políticos y culturales  contemporáneos: mestizaje, racismo, género y ciudadanía. Ha realizado nueve muestras  individuales: 2017, Cuentos Bárbaros-Otras Tempestades, Sala Luis Miró Quesada  Garland, Lima. Cuentos  Bárbaros-Territorios Cercanos, Galería del  Paseo, Lima. 2015, Cuentos  Bárbaros, Sala de Proyectos UNESPACIO, Lima. 2014, Mestiza, Exposición  Antológica, MAC, Lima. Su obra forma  parte de diversas colecciones: PAMM, Pérez Art Museum Miami, Museo del Banco Central de Reserva del Perú (MUCEM); el Museo de Arte Contemporáneo de Lima (MAC-Lima); el Museo de Arte de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima); y Micromuseo (“al fondo hay sitio”) (Lima); además de numerosas colecciones privadas en el Perú y el extranjero.

    TEXTO CURATORIAL

    Claudia Coca

    No digas que no sé atrapar el viento

    El compromiso de Claudia Coca con su obra es programático: cada gesto tiende a una emancipación ante el pensamiento colonial que condiciona los modos de vida en América Latina. La naturaleza en sus formas más irrequietas –el mar indómito, el águila agazapada, las raíces de los árboles que crecen descontroladamente partiendo el cemento que las oprime– representa una posibilidad de rebelión, una orgullosa reivindicación de lo salvaje y de lo “bárbaro”.[1]  

    Claudia traslada a dibujos en gran escala figuras de la naturaleza que captura en el exterior, visibilizando cuerpos y espacios ocultos. El puma andino que mira fiero el lago Titicaca y la pareja mestiza en el acto primordial del beso encarnan una marginalidad monumentalizada, un canto a esos territorios latinoamericanos que la artista rescata obstinadamente con la paciencia de sus gestos.

    La reconciliación con las tradiciones locales y la revalorización de lo artesanal se repliegan en la acción monótona del bordado. Durante varios días, Claudia se dedica a suturar la trama de telas crudas dejando cicatrices de palabras. Las voces cadenciosas de escritores latinoamericanos se cristalizan en siluetas armónicas –rojo indio sobre fondo natural–. Penetrando insistentemente con la aguja la superficie del lienzo, la artista va en búsqueda de las historias más remotas sanando con sosiego la amnesia que sufrieron estos y muchos otros versos.

    En una operación contraria de anulación y subversión, trazos fragmentarios de carbonilla desdibujan las palabras “National Geographic” que encabezan análogas telas crudas. Cuernos de rinocerontes irrumpen en el lienzo como cumbres de montañas punteadas por ruinas, raíces de árboles milenarios se estiran hacia los bordes de la tela, un ficus crece desordenadamente y termina en el abrazo de una palmera: la ambigüedad de las imágenes elegidas por la artista mina el dogmatismo de las representaciones tradicionalmente etnocéntricas y exotizantes de la revista. La naturaleza indomesticable avanza hasta devorar y desmembrar su contenido.

    Benedetta Casini

    Curadora