• Desbordes del canon: la pintura de Estanislao Mijalichen

    Lorena Mouguelar

    Al ingresar a la sala que ocupa el quinto piso de la Fundación Osde de Rosario, el visitante que llega con la expectativa de recorrer Eclipse para encontrarse con la obra de un artista rosarino de la década del sesenta no puede evitar sorprenderse. Y es que pese a tratarse de un período de nuestra historia tan visitado desde la vuelta de la democracia aún restan sectores inexplorados, obras desconocidas, artistas olvidados, que quedaron al margen de las principales corrientes de la década o que aún no fueron objeto de estudios pormenorizados. Tal sería en gran medida el caso de la obra pictórica de Estanislao Mijalichen, una producción polimórfica y arriesgada que conserva su fuerza movilizadora y su capacidad de interpelar los sentidos del espectador contemporáneo.

    La sala pintada de un intenso verde petróleo potencia la vibración cromática de los cuadros expuestos. El primer sector del recorrido muestra una serie de óleos dominados por diseños de un tipo de abstracción geométrica muy libre en su concepción y materialización, con ciertas resonancias del arte óptico en algunos casos y del automatismo surrealista en otros. Las obras ponen en evidencia las instancias formativas del autor en el taller de Juan Grela: el ajustado manejo del color, las complejas armonías logradas incluso a partir de la combinación de tintes disonantes, los esquemas compositivos sumamente cuidados. Pero incluso en este sentido Mijalichen se desmarca, excediendo los estrictos parámetros para la construcción de la imagen fomentados por su maestro.

    Al avanzar en el recorrido de la sala, retrocedemos en el tiempo. Las pinturas datadas entre comienzos y mediados de los sesenta constituyen una variante personal de los movimientos neo-expresionistas de la época, signadas asimismo por el impacto de las tradiciones estéticas de Europa del este. La soltura en el gesto de Mijalichen preserva sin embargo la cuidada composición previa, conectándose en este sentido con las vertientes europeas del informalismo. Estas obras forjadas en una etapa temprana dentro de su breve pero intenso recorrido por el mundo del arte, detentan un fuerte carácter experimental, un manejo vasto y desprejuiciado de los materiales que sostendrá a lo largo de toda su producción.

    Finalmente, un pequeño sector de pinturas seleccionadas y montadas en un eje diagonal sobre una de las paredes laterales de la sala, muestra el último viraje dentro de una obra prolífica aunque acotada en el tiempo. Un arriesgado cruce entre abstracción geométrica e informalismo matérico que para la época desbordaba los límites mismos de lo que se consideraba arte y que, por lo tanto, en su momento muy posiblemente no haya contado con un horizonte de expectación.

    Que la exposición constituya una propuesta tan inesperada como fascinante se debe no sólo a las características intrínsecas del proyecto creador de Mijalichen sino también a las opciones realizadas por su curador, Guillermo Fantoni. Historiador dedicado al arte de Rosario, fue quien produjo el primer esquema de períodos y horizontes problemáticos que permitió pensar los derroteros de la vanguardia rosarina de los años sesenta en el marco de un estudio más amplio signado por el itinerario de la modernidad estética.1 En los artículos publicados a comienzos de los noventa Fantoni enfatizó las zonas más radicalizadas de estos procesos, señalando en todo momento las conexiones que se produjeron entre el espacio acotado del arte rosarino y otros centros culturales a nivel nacional e internacional, entre los que se destaca la metropolitana Buenos Aires. Esta formulación estaba presente ya en el texto del catálogo de la primera muestra sobre la producción del grupo de vanguardia de Rosario en la década del sesenta organizada en 1984 en el Museo Municipal de Bellas Artes “Juan B. Castagnino”.2

    Paralelamente, Guillermo Fantoni junto a su colega y compañera de vida, Adriana Armando, dirigió entre agosto de 1980 y diciembre de 1985 la sala de exposiciones Miró Artes Plásticas. Por este espacio, que funcionó en el local 25 de la Galería Santa Fe de Rosario, pasaron muchas de las propuestas estéticas más innovadoras de su época. Asimismo, Adriana y Guillermo se propusieron rescatar a una serie de protagonistas de la historia del arte moderno en la ciudad cuya obra había quedado relegada de los espacios de consagración y circulación oficiales. En este sentido, pueden pensarse las presentaciones públicas de la obra de Estanislao Mijalichen, uno de los artistas promovidos por la galería. El catálogo incluido en la vitrina con documentos que se presenta en Fundación Osde hace un guiño en este sentido.

    La primera de estas muestras organizadas en galería Miró en mayo de 1982, agrupó a tres artistas de la ciudad asociados tanto por las experiencias compartidas como por el fuerte vínculo de amistad que a partir de ellas se había generado: Francisco García Carrera, Estanislao Mijalichen y Juan Grela. Un año más tarde, una exposición grupal bajo el eje de la pintura abstracta reunió la obra de Mijalichen con la de Grela, la rosarina María Suardi y el santafesino Artemio Alisio. Finalmente, en 1985 la galería organizó otra muestra de trastienda presentando esta vez en forma individual las pinturas de Mijalichen. La oferta de la sala constituyó en muchas ocasiones una avanzada para la época, tanto por el tipo de obra seleccionada —que incluía pintura, escultura, dibujo, grabado, fotografía, diseño de indumentaria, joyas, objetos e instalaciones— como por las maneras no tradicionales de presentación. Debieron transcurrir varias décadas para que la obra de Mijalichen encontrara un amplio público gustador de su propuesta.

    Las instancias señaladas evidencian el profundo y temprano conocimiento de Guillermo Fantoni del arte rosarino de los sesenta y en ese marco, de la obra de Estanislao Mijalichen. En virtud de este recorrido profesional, el trabajo de curaduría que dio como resultado Eclipse posibilitó la formulación de nuevas preguntas hacia el pasado. La muestra invita a volver a pensar los sesenta, atendiendo no sólo a las figuras y obras más representativas de las tendencias estéticas de la década, sino incluyendo también presencias más insulares, cuya inscripción en las corrientes dominantes resultaba al menos tensa. Tal sería el caso de Mijalichen, quien a diferencia de los demás integrantes del grupo de vanguardia de Rosario, nunca abandonó la práctica pictórica como estrategia de materialización de sus experiencias. Momentos centrales en la trayectoria artística de Estanislao Mijalichen y en la circulación de su obra, en vida del artista y aún con posterioridad a su prematuro fallecimiento, fueron reconstruidos en el texto del catálogo a partir de diversos indicios provistos por los escasos documentos preservados y en especial, por las mismas pinturas.

    Ante la tarea de selección de obras conservadas en colecciones particulares e instituciones, que incluían por un lado pinturas de distintos períodos y por otro piezas gráficas mucho más difundidas en función de las carpetas editadas por el Centro de Grabado Rosario, Fantoni eligió centrar su atención en el conjunto menos conocido de la producción de Mijalichen y en consecuencia orientar la mirada del espectador en este sentido. En palabras del curador “volver a poner el foco sobre una de las excepcionalidades del arte rosarino de la segunda mitad del siglo XX. Un creador cuya obra, tal como intenta expresarlo el título elegido, ha permanecido largamente en un cono de sombra”.3

    Esta propuesta curatorial se enmarca así en una manera de abordar la producción historiográfica, siempre tendiente a ampliar el canon.4 Esto implica incorporar no sólo el arte de mujeres o el producido por grupos de minorías raciales o sexuales, sino también abordar el análisis de la obra de quienes han trabajado más allá de los grandes centros metropolitanos y cuya propuesta artística en muchas ocasiones, no se adecuó ni a las estéticas convalidadas por las instituciones ni a las tendencias contemporáneas dominantes. En términos de Arjun Appadurai (2001), pensar una “modernidad desbordada”.

    Amando en el césped, 1966, óleo sobre hardboard, 60,5 x 69,5 cm, Colección Castagnino + macro
    Sin título, 1966, óleo sobre hardboard, 60 x 90 cm, Colección particular
    Plano decorativo, 1969, óleo sobre hardboard, 60 x 70 cm, Colección particular
    Contraste con forma libre, 1971, óleo sobre hardboard, 71 x 101 cm, Colección particular
    Situación atonal, 1971, óleo sobre hardboard, 80 x 61 cm, Colección particular
    Textura táctil, 1972, óleo sobre hardboard, 80 x 61 cm, Colección particular

    Créditos fotográficos: Andrea Ostera - Laura Glusman

    Referencias bibliográficas

    • Appadurai, Arjun (2001[1996]). Modernidad desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
    • Fantoni, Guillermo (2018). “Cuatro escenarios para Estanislao Mijalichen”. En Eclipse. Estanislao Mijalichen, obras 1962-1972 (cat.exp.). Buenos Aires: Fundación Osde, pp.4-18.
    • ----------------------- (2012). “Mirar desde el vértice: el arte de Rosario a partir del Grupo Litoral”. En Baldasarre, María Isabel y Silvia Dolinko (ed.), Travesías de la imagen: historias de las artes visuales en la Argentina, vol. II. Buenos Aires: EDUNTREF, pp. 505-527.
    • Huyssen, Andreas (2010). Modernismo después de la modernidad. Buenos Aires: Gedisa.

    La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con revistadeestudioscuratoriales@untref.edu.ar.

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