• Y ahora habla

    Entrevista a Fernanda Pinta y Federico Baeza – Archivo Oral de Arte Latinoamericano por Florencia Qualina

    Florencia Qualina

    El Archivo Oral de Arte Latinoamericano es un proyecto de Fernanda Pinta y Federico Baeza que consiste en la lectura, por parte de un actor, de una conferencia histórica escogida por ellos. La aparente austeridad del gesto curatorial –la reposición del texto sin interpretación, un escenario compuesto solo por una mesa, silla, micrófono y un vaso de agua– contrasta con la densidad discursiva y temporal que construye. Las voces de Oscar Massotta, Marta Traba, Tomás Maldonado, Lina Bo Bardi y Alberto Cruz hablan ahora de modo oracular. Cómo el pasado puede seguir activo en el presente, qué puede entenderse como continuum, dónde se cristalizan fracturas, qué zonas se encuentran irremediablemente clausuradas; son algunas preguntas y percepciones que se materializan al escuchar voces a medio camino entre la vida y el más allá.

    Empiezo con una afirmación, y ustedes me dirán si estoy equivocada: la obra El Fin del Arte fue una experiencia que trazó algunas líneas que continúan trabajando con el Archivo Oral.... Allí aparecía de manera muy clara que no había límites entre artes escénicas y performance, que el contexto abría capas de lectura en la narrativa de la obra, y que también intervenía el elemento temporal (tanto por su materialidad; como por los diversos modos en los que se abordaba el FIN del arte, entendido ambiguamente como cuestión terminada, como en otro sentido teleológico, la finalidad). ¿Cómo funcionó ese flujo entre artes escénicas y performance?, ¿qué lecturas podría haber generado el contexto en el que fue exhibida?, ¿de qué maneras intervenía el factor temporal?

    - El Fin del Arte fue un proyecto que inicialmente tenía dos elementos básicos: convocar a Rafael Spregelburd para pensar un proyecto juntos y poner en el centro de la escena de ArteBA una discusión sobre el arte contemporáneo. Él venía de hacer Apátrida, doscientos años y unos meses, una obra en la que trabajaba sobre un debate/duelo decimonónico que tenía como protagonista a Eduardo Schiaffino. Allí aparecían una cuestión muy potente: un teatro que era puro despliegue retórico y a la vez todo performance en su materialidad oral y corporal, su densidad de las coordenadas del espacio y el tiempo, su puesta en diálogo de la palabra y la música experimental. Y resultó que cuando Federico se acercó a Rafael con la idea de trabajar un proyecto para ArteBA, Spregelburd tenía escrito El Fin del Arte. Digamos que el texto traía un mundo –la discusión académica sobre el arte, el mercado, la azarosa aventura de una señora de pueblo en la web, la restauración ingenua, la desfiguración y la reproducción masiva de las imágenes– que en el medio de la feria no hacía más que enmarcarla, hacerla resonar con una cuerda entre realista y absurda. Las discusiones que se hacían luego de la ficción, con críticos reales en el mismo espacio en el que se habían sentado minutos antes los actores, resultaban muy sintomáticas de la pregunta por “el fin” –como vos decías, como final y como finalidad– del arte contemporáneo. Afuera estaba la temporalidad de la feria, con esa ansiedad por recorrer, consumir, vender, mostrar y mostrarse, entonces esa ficción y esos debates eran como un pequeño agujero negro en el medio de aquel frenesí.

    Vayamos un poco más atrás en el tiempo, me gustaría preguntarles sobre los objetos de sus respectivas investigaciones en el campo escénico antes de que comenzaran a integrar las investigaciones a la curaduría. ¿Sobre qué tradiciones, autores, problemas trabajaron?

    - Nos conocimos estudiando Artes en la Universidad de Buenos Aires. Federico hizo la orientación de artes visuales y yo la orientación de artes combinadas, pero desde siempre nos interesó cruzarnos a la vereda del otro. Por ejemplo, lo primero que cursamos/cruzamos fue un seminario de Tadeusz Kantor, un artista polaco dedicado al teatro, con orígenes en el informalismo y el happening, que luego desarrolló una escena sumamente visual, con maniquíes, ensamblajes, objetos y una textualidad basada en la idea de “teatro de la muerte” que nos fascinó. Después Federico escribió sobre puesta en escena y dramaturgia de iluminación, hasta estudiar puntualmente el teatro documental argentino de las últimas décadas para su tesis de doctorado. En el 2012 vio un proyecto curatorial que lo marcó bastante, Retrospectiva de Xavier Le Roy en la Fundación Tapies. Se trataba de una muestra que recorría la trayectoria de este bailarín sin videos ni fotos, llegabas a la sala y encontrabas a performers que estaban en dos turnos todos los días y hacían los movimientos de Le Roy. La idea de una muestra soportada sólo en la presencia de unos cuerpos en una sala vacía lo estimuló. En mi caso, en paralelo a las materias de artes combinadas también cursé materias de la orientación de visuales y terminé haciendo una investigación sobre arte y feminismo norteamericano de los años 70 en el marco de una de esas cursadas. Luego, para mi tesis de doctorado trabajé sobre el Di Tella, y si bien se trataba de investigar sobre el teatro, todo el proyecto institucional me llevó a trabajar los cruces entre el CEA (Centro de Experimentación Audiovisual) y los otros dos centros de artes, uno dedicado a las artes visuales (CAV) y el otro a la música (CLAEM). También fue interesante pensar cierta espectacularidad de la época presente en medios de comunicación, publicidad, imaginarios de la moda y urbanos. Todo eso nos fue acercando a las cuestiones interdisciplinarias, intermediales y también a la historia y teorías de las artes y sus archivos.

    El Archivo Oral…. trae al presente conferencias de diversos autores latinoamericanos del siglo XX, ¿qué encuentran ustedes en esas palabras elegidas?, ¿van hablando los autores entre sí de alguna manera?, ¿es posible rastrear una topografía?

    - Esas palabras son, inicialmente, como una flecha que atraviesa el tiempo y se nos clava en el ojo; son palabras potentes, es un decir sumamente seductor por las imágenes que evocan, por su tono polémico, por su urgencia y su llamado a pensar el arte y el mundo. Percibimos que son palabras dichas con una convicción y un compromiso que hoy en día conmueven e interpelan sobre nuestro propio lugar y nuestras propias ideas. El Archivo Oral... es un proyecto que hacemos por puro placer, porque nos gusta “hacer” archivo y también nos gusta trabajar con los actores. Cuando finalmente lo montamos hay un disfrute muy especial en escuchar cómo se proyectan esas palabras en el espacio y mirar la atención de los espectadores. Hay como una concentración, una inmersión en la escucha que resulta muy sugestiva, de algún modo esas figuras vuelven a hacerse presentes. Y es que los modos de decir, de narrar historias y experiencias, de encadenar argumentos, de “usar” las palabras resulta tan singular que cuando un actor toca la tecla indicada de algún modo le hace un espacio a la figura que se convoca.

    ¿De qué maneras se integra el Archivo Oral.. a los otros ámbitos en los que trabajan –otras curadurías, docencia, escritura–?

    - Sí, el Archivo Oral... de algún modo está en las clases que damos, en los proyectos de curaduría e investigaciones que cada uno desarrolla. Y es que el archivo, como concepto, es un lugar y una imaginación que nos acompañó durante toda la carrera, como estudiantes de Historia de las Artes, pero también teóricamente es un concepto sumamente actual para pensar de qué modo se construyen las narrativas críticas y curatoriales. Cuál es el horizonte de decibilidad –y de visibilidad–, como plantea Foucault, que habilita los enunciados. Por ejemplo, en las dos últimas muestras que curé, Latinoamérica: Volver al futuro y Federico Klemm: El cuerpo de una colección, curada junto a Guadalupe Chirotarrab, están muy presentes los archivos, ya sea en los dispositivos de exhibición que Lina Bo Bardi diseñó en los años 60, como en el derrotero de una colección tan paradigmática para los años 90. Pero también pensamos en el formato del archivo, en su carácter performativo y entonces lo emplazamos en distintas exposiciones como una actividad pública. En el caso de Fernanda, el archivo también resultó un elemento central para desarrollar la curaduría de Mínimo Teatral que realizó con Irina Garbatzky en el Museo Castagnino+MACRO en 2017. La propuesta fue pensar los modos escénicos del arte contemporáneo, poner en contacto el teatro y las artes visuales mediante diversos usos de registros y documentos como audios, videos de ensayos y archivos personales de artistas. Para nosotros en estos proyectos se abrieron nuevos trayectos históricos pero también conceptuales, modos de reunir archivo, exhibición y performance como lo hicimos esa primera vez en El Fin del Arte.

    Archivo Oral de Arte Latinoamericano. Relectura de Omphalos, sobre una conferencia de Marta Traba. Ponencia presentada en un Seminario de Romanística “La cultura de la resistencia” en la Universidad de Bonn, 1973. Lectura a cargo de Sofía Brihet.
    Fotografía: Franco Degrossi. Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires

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