• Soplando ideas en la tempestad

    Emmanuel Franco

    La exhibición Las personas habitan sus biografías como habitan sus casas gira alrededor de las formas en las que Santiago Villanueva piensa la historia del arte argentino, la curaduría y la relación que establecemos con espacios exhibitivos bien dispares, como pueden ser los museos y su contracara doméstica: las casas museo. En su amor por las instituciones museográficas y su relevancia en la vida de las personas, Villanueva propone analizar un movimiento erótico que solo se sucede en la casa museo: un cruce entre el abandono y la libertad que promueven estos lugares. Un espectador a la deriva en la casa de un artista, liberado de la contracturada circulación que imponen los museos, se enfrenta a los escombros de las paredes y los techos, a una obra de arte huérfana de creador. El extraño que visita estos lugares se cruza con los rumores que habitan entre los objetos personales del artista y sus obras, así un cuadro colgado en la pared puede tener la misma importancia que unos cubiertos olvidados en una mesa. La idea del rumor, aquello que se dice a escondidas y que no tiene un argumento sustentable, puede representar nuevos abordajes para las obras de arte, un juego sentimental que se distancia de esos “diálogos” que proponen las curadurías oficiales en las instituciones que tienen la difícil tarea de establecer, reafirmar o contribuir con ciertos cánones. La casa museo es una forma inestable para la organización de una memoria, la del artista y la del espectador, dos tiempos en conflicto dispuestos a reconstruir aquello que una vez supo ser tema liviano de conversación.

    La exhibición fue en el nuevo espacio de Isla Flotante en La Paternal. Comenzó con una serie de fotografías de las casas museo que SV visitó desde el 2010 hasta la actualidad. Las imágenes estaban fundidas en las paredes y la escasa iluminación las ocultó de la mirada fácil. En algunos sectores aparecían unos espirales de hierro, figura que pareciera conectar a las fotografías en una familia, un territorio conocido para este artista que entiende a las instituciones y a los dispositivos museográficos como una red para las pasiones personales, la amistad y la necesidad de construir a partir del deseo. Tal vez sea símbolo del afecto perdido aquel que late en las casas museo. El espiral de hierro apareció de nuevo, como una presencia del pasado incontrolable.

    La exhibición siguió con unos pasillos que remiten a una casa habitable y donde es fácil perderse, no hay rastros de ese cubo blanco que todos conocemos, criticamos y repensamos en bases a papers y libros de Boris Groys o Martí Manen. El desconcierto aparece en la circulación, la propuesta secreta podría ser volver a mirar hacia atrás, asustarse con la idea de haberse perdido en La Paternal, regresar al punto inicial y revisitar las fotografías, observarlas con otros ojos. La luz se vuelve un elemento protagónico que conspiró todo el tiempo con la recepción de las obras y con el naufragio del visitante. Las exhibiciones de SV siempre intentan provocar un riesgo en el cuerpo de quien las habita, construir un espacio sin leyes aparentes, un tránsito lento y reversible. En la sala principal aparecen varios asientos ortopédicos de metal, representantes directos de la prótesis, aquello que simula un faltante esencial y que SV asocia al arte argentino y a su inestable salud, son agujeros historiográficos que continúan expandiéndose por nuestra región en la forma de un virus que pone en alerta al cuerpo. Los asientos funcionan como apoyos móviles para que el visitante pueda sentarse donde más prefiera.

    Tres paredes de durlock dejaban ver espirales de mosquitos, parecían elegantes infecciones verdes y están relacionados con una estadía de SV en la casa del artista y curador Jorge Gumier Maier, pilar de la curaduría doméstica y profeta del apocalipsis en el arte contemporáneo. El espiral es la suma de varios retazos personales del artista, se disputa su suavidad frente al espiral de hierro, el erecto signo que guía a las fotografías. Los secretos y la opacidad que emanan las imágenes deben entenderse como una revalorización de espacio íntimo, lugar donde las categorías no tienen influencia alguna y el capital erótico del arte aparece como un gran patio de juegos, como una mesa familiar sin un discurso armado, sin “contribuciones”, “aportes”, “diálogos” o “reflexiones”. La obra de arte que SV construye no transmite un mensaje susceptible al entendimiento sino que busca provocar vibraciones mentales, son antioxidantes ante los protocolos de las curadurías y las exhibiciones actuales. Otro secreto aparece detrás de las paredes: pinturas caseras hechas por alumnos de un taller de la Asociación Civil Nexo, espacio que trabaja con la comunidad LGBTIQ y con la prevención y tratamiento de enfermedades de transmisión sexual (en Nexo muchos jóvenes se hacen por primera vez el test de vih). Y por primera vez estas pinturas de cantantes pop entraron en un circuito oficial, como un parto forzado se las liberó de esa intimidad pactada en la enseñanza humilde y se volvieron expresiones de un pensamiento que va más allá del metro cuadrado para el cual fueron creadas. Estuvieron de espaldas al resto de las obras, iluminadas por colores que remiten a un antro de Retiro. Asumieron su nuevo rol como las aguafiestas de la inauguración, jóvenes traviesas que quieren negarle algo a la escena del arte, en su irreverencia apareció otra prueba de cómo el artista intenta incorporar nuevos anexos o notas al pie al complejo engranaje que éste entiende por arte. El vih como tópico se instala en este nuevo cuerpo de obras y deja más misterios que respuestas, quizás sea una línea que se continuará desarrollando en próximos trabajos. Sin embargo, existe en ella una potencia indescifrable, un horizonte de ideas a explorar y las pistas de un rompecabezas biográfico.

    El rumor se opone al dato veraz y afirma que la exhibición no se inició el 1 de septiembre del 2018 en avenida Chorroarín 1. Se puede murmurar por lo bajo que la exhibición de SV se inauguró con su texto + Zombie - Tren Fantasma publicado en el último número de la revista Mancilla en mayo de este año. Es en ese texto donde se pone de manifiesto la investigación de un modelo de producción artística y curatorial asociado a la figura de Jorge Gumier Maier y las casas museo. Es un texto que debe leerse como una obra de arte breve e íntima, a disposición de todos los interesados, para los ingenuos que intentan susurrar una idea en el universo de las inauguraciones, para los amantes de la pintura figurativa y nacionalista y sobre todo para los amigos, los amantes y aquellos que estén dispuestos a involucrarse en el arte con compromiso y pasión. El texto, un viaje a una casa repleta de gatos en el Tigre, la disposición de los objetos en un boliche, los espirales y un corazón roto son algunos de los elementos que hacen de la obra de SV un estilo de vida, una línea de pensamiento que avanza de manera circular y asciende por fuera de todo escenario objetual. No funcionaría analizar pedazo por pedazo su obra, sino más bien pensarla como una rutina de ejercicio físico y mental extendida en el tiempo.

    Fotografías de Catalina Romero, cortesía de la galería Isla Flotante.

    La Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) ha realizado los mayores esfuerzos para localizar a los posibles titulares de derechos de las obras de terceros reproducidas en esta publicación. Por cualquier omisión que pudiera haberse dado por favor contactarse con revistadeestudioscuratoriales@untref.edu.ar.

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