• Año 6 N° 8 OTOÑO 2019

    Introducción

    Artes en cruce o de las figuras del entre arte, ciencia, tecnología y naturaleza

    I

    Los debates y reflexiones acerca del estatuto del arte en este cruce con la ciencia y la tecnología –ciertamente recurrente en el escenario artístico de nuestros días– dan cuenta de las intercontaminaciones, hibridaciones e intersecciones que no hacen sino abrevar en las propias aguas de la contemporaneidad. Latour sugiere considerar a la sociedad como un colectivo, una suerte de conglomerado en el que los ejes naturaleza y cultura se imbrican, se asocian y se embeben. Lejos de la disociación moderna entre un mundo natural objetivo y el sujeto, otras encrucijadas parecerían horadar las plataformas puristas de una naturaleza objetivada. Y aquí el arte en cruce (valga la expresión para zanjar, al menos momentáneamente, la controversia terminológica –artes electrónicas, mediales, numériques, tecnológicas, etcétera, etcétera–) tiene algo para proponer.

    II

    Cultura y naturaleza, máquina y organismo, práctica y pensamiento finalmente se engarzan para generar plataformas de acción en las que la creación y la reflexión plantean, una vez más, que los bordes no son tan netos, que las líneas de separación son por demás porosas, e incluso que los mismos conceptos de borde, línea, frontera no son más las categorías útiles, y necesarias, que la modernidad occidental impuso como forma predominante de decir(se) el otro. 

    III

    El arte en cruce, error útil para pensar el encuentro entre arte, ciencia, tecnología y naturaleza a partir de los espacios o de las figuras del “entre”; del cruce momentáneo de fuerzas que, como nodos, se tejen y se destejen para volver a comenzar, una y otra vez.

    IV

    En este número de Revista de Estudios Curatoriales nos reunimos y nos albergamos en esta perspectiva glocal: una activación en y desde la localidad de cara a una proyección amplia que incluya al Otro en el gesto constructivo, una generatividad de ideas y de acciones que desafíen e interpelen lo propio y lo ajeno, una serie de apropiaciones y de reapropiaciones en esta idea de colectivo a la que alude Latour.

    En ese sentido, Iliana Hernández García aborda, desde una aproximación poshumana, ciertos presupuestos ecofilosóficos que podrían generar nuevas perspectivas en relación con el trinomio arte, ciencia y tecnología poniendo el foco en la noción de vida. Desde una perspectiva de indeterminación ecológica, transita experiencias de bioarte y de bioinmersión electrónica para bucear en las posibilidades de una creatividad no-humana.

    Por su parte, Zaven Paré ahonda en el concepto de valle inquietante (uncanny valley) a partir de las recientes experiencias robóticas –tanto artísticas como industriales– en Japón adentrándose en los conceptos de interacción social, interfaces y comportamientos y haciendo emerger nuevos cuestionamientos en la esfera que conforman el tándem naturaleza-cultura.

    V

    La construcción de verdades objetivadas por la ciencia moderna es una constante en esta puesta en jaque de los bordes entre el sujeto y sus construcciones. Esta es la dirección en la que se encamina la muestra Zoología fantástica del artista Pablo La Padula, quien evade la explicación matematizante del conocimiento científico acerca de la naturaleza y propone hibridaciones que intensifican la carga polisémica de sentidos y poéticas. 

    Las estrategias curatoriales no quedan fuera de estas discusiones. Esta ecología en la que la paridad hombre-naturaleza asume un rol protagónico es lo que expone Nara Cristina Santos al abordar los ejes del festival FACTORS. La relación Sur-Sur es atravesada por un enfoque transdisciplinar basado en el concepto de sustentabilidad buscando modelar un ecosistema de obras biosustentables en consonancia con una ecología artístico-política. Estas experiencias curatoriales, como el conjunto de obras que utilizan lo vivo como sustrato matérico, han tenido un rol protagónico en la escena del arte tecnológico de los últimos años. Sin embargo, la perspectiva creativa –y también crítica– a la hora de abordar el binomio arte-biología ha sido, muy frecuentemente, la de focalizar en aquellas manifestaciones centradas en la preponderancia creativa del sujeto. En el campo del arte en cruce, no obstante, se vislumbran otras prácticas que, muy enfáticamente, echan por tierra toda pretensión antropocentrista y van más allá de la afirmación acrítica de las prácticas científicas. Algo de eso ponen en juego Gabriela Munguía, Ana Laura Cantera, Laura Palavecino y Guadalupe Chávez en su trabajo artístico, en el que problematizan la articulación de lo vivo a través de lenguajes biopoéticos. Desplegando dinámicas lúdicas experimentales en torno al vínculo de la naturaleza con los humanos, desarrollan lo que las artistas dan en llamar biojuegos: una herramienta para modificar los bordes, explorar las grietas y así una ecología de pensamiento entre los diferentes organismos vivos. 

    En esta confluencia experiencial interespecies (vivientes y no), activada desde el campo del arte, Fabien Zocco también hace un aporte fuertemente inquietante. Un robot de su autoría, con una impronta zoomórfica, cambia de comportamiento según los estados emocionales del artista. El híbrido máquina-organismo al que refiere Haraway se hace carne en la experimentación de Zocco.

    VI

    Pero ¿cómo operan estas reflexiones y estas prácticas en un campo –el del arte contemporáneo– por momentos refractario a legitimar tales prácticas?, se pregunta Nadia Martin para definir la lógica de inclusión-exclusión y el reajuste del canon del arte contemporáneo. 

    Estos interrogantes se retoman en la contribución de Jorge La Ferla, quien trabaja la cuestión de los desafíos curatoriales brindando un panorama en el que articula su experiencia como curador de muestras de artistas latinoamericanos cuyos discursos proponían un imaginario alejado de la espectacularización y del entretenimiento, a partir de obras críticas que ponían de manifiesto la conflictividad de una región compleja.

    VII

    Este ensamble diverso, multilingüe, multicultural, polifónico, plantea interrogantes abiertos, en ciernes, que manifiestan el dinamismo de un campo siempre cambiante. Lejos de postular verdades homogéneas y ocluidas, se mueven en una zona fronteriza. En los bordes de los cruces. Y cuando de explorar bordes se trata, todo nos conduce al terreno de los desvíos azarosos y, por ende, arbitrarios.

    Link a la nota: http://untref.edu.ar/rec/num8_intro.php

Curadurías

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