• Presentación

    El remanido concepto de que los argentinos descendemos de los barcos, en lugar de ostentar una historia propia y milenaria fue utilizado a veces como un desmérito, cuando por el contrario, debería enorgullecernos. La frase marca una falsa contradicción ya que, si bien provenimos de distintos orígenes, todos asumimos la historia y la utopía de nuestra América.
    Reivindicar la inmigración es también reparar en la capacidad de nuestra tierra y de nosotros, sus hijos, para integrar nuestros acervos enriqueciéndonos.

    La Nación Argentina se formó por el acuerdo y deseo de integración de las distintas regiones que la componían y que desde el momento constitutivo apelaron al llamado a todos los hombres del mundo, y así fue como, desde los distintos confines se acercaron hombres y mujeres en busca de la libertad, el trabajo y el bienestar que no encontraban en sus patrias de origen.

    Quienes impulsamos este Museo de la Inmigración nos enorgullecemos de ser parte de esta Nación, heterogénea y rica en diversas tradiciones. Respetamos a los inmigrantes que se afincaron y encontraron una patria y reivindicamos al mismo tiempo a los pueblos originarios que están en la base de nuestra nacionalidad.

    La Universidad Nacional de Tres de Febrero agradece al Director Nacional de Migraciones la posibilidad de recuperar y continuar este museo, que fue fundado en 1974, para que definitivamente exista un ámbito permanente de memoria y homenaje tanto a quienes desde Europa, Asia, África vinieron a compartir este suelo en los albores, cuanto a nuestros hermanos sudamericanos que concretaron la permeabilidad que nuestra legislación impulsa.

    Todas nuestras vidas son un viaje permanente. Los que decidieron en su momento echar anclas en estas tierras para hacer posible la República, tendrán en este Museo el ámbito de respeto equitativo que merecen. Estamos abiertos y necesitamos la colaboración de todas las colectividades.

    Agradezco a la doctora Diana Wechsler y a todo el equipo de Untref/Muntref y de la Dirección Nacional de Migraciones por el trabajo y la buena voluntad que permitieron hacer realidad el museo y esta primera muestra: “para todos los hombres del mundo….”

    Aníbal Jozami
    Rector UNTREF / Director MUNTREF

     

     

     

     

  • Esta exposición…

    Cada proceso migratorio responde a diferentes realidades, motivaciones, marcos legales, coyunturas históricas. Sin embargo, cada migrante –ayer y hoy– ha de transitar por una serie de momentos y experiencias comunes: desde la decisión o necesidad de salir de su lugar de origen hasta la elección de un destino, la obtención de los recursos para llevar a cabo ese traslado, el ensayo de estrategias y la activación de redes que le faciliten la inserción para llegar finalmente al arraigo y, con él, al establecimiento de marcas de identidad, que pueden leerse como puentes entre el sitio de origen y el de arribo.
    Esta exposición, situada en este emblemático edificio que albergó en el pasado –y por el que pasan a diario hoy día– a miles de migrantes, invita a los visitantes a recrear la experiencia de migrar recorriendo cada uno de los tramos propuestos –viaje, arribo, inserción y legado–, activando la memoria singular y colectiva, revisando el pasado y el presente de una historia que se escribe con “todos los hombres y mujeres que quieran habitar el suelo argentino”.

  • Secciones

    Viaje
    A partir de que hombres y mujeres, reunidos en bandas nómades, se desplazaron desde el corazón de África para poblar el mundo entero, el viaje pasó a formar parte de las prácticas de individuos y sociedades.
    La historia del continente americano está atravesada por las migraciones: desde el temprano poblamiento hace más de 40.000 años, pasando por el proceso de conquista y colonización europeos a partir del siglo XV, hasta el gran trasvase de población producido desde los siglos XIX y XX hasta nuestros días.
    La Revolución Industrial provocó cambios que afectaron la vida de millones de personas y trajo aparejada la necesidad de los países europeos de expandirse fuera de sus fronteras en busca de fuentes de materias primas, mercados para sus productos industriales y nuevas tierras para una población que crecía como nunca antes. Por ejemplo, entre 1820 y 1924 cruzaron el océano entre Europa y las Américas 55 millones de personas. La Argentina fue uno de los destinos elegidos.
    El crecimiento de la población en Europa estaba dejando sin tierras a las nuevas generaciones de agricultores, en tanto América requería mano de obra para el campo, los ferrocarriles, las nuevas fábricas y los servicios en los ámbitos urbanos.
    La posibilidad de acceder a la tierra, los mejores salarios y la esperanza de ascenso social o las posibilidades de vivir en libertad y paz fueron, y siguen siendo hoy día, un poderoso atractivo para lanzarse al desafío de encontrar otro lugar en el mundo.

    Arribo

    ¿Cómo se eligió viajar a la Argentina? ¿Cuáles fueron las razones del proyecto personal o familiar? ¿Cuáles, las urgencias que impusieron la salida?
    Las razones que marcan la decisión de abandonar el sitio de origen son numerosas y están atravesadas por distintas dimensiones políticas, económicas, sociales, culturales y personales en cada momento histórico.
    Los estudiosos de la inmigración han establecido algunos patrones de elección, modos que se repiten en los diferentes puntos del globo donde haya movimientos de población. Uno de ellos es el de las cadenas migratorias, las redes y los patronazgos.
    Una red de sociabilidad puede ser la familia o los amigos y conocidos, un pariente o paisano, establecido en el otro lado, que manifiesta la necesidad de contar con una persona o grupo de personas de confianza para algún trabajo o sitio donde mejorar las condiciones de vida. A partir de ese momento se pone en marcha el intercambio de información que culminará con la partida de los que acepten la invitación.
    Unos hicieron uso de las redes, otros llegaron traídos por empresas de colonización con la esperanza de transformarse en propietarios de una parcela de tierra.
    Muchos pasaron por el Hotel de Inmigrantes: permanecían hasta el momento en el que los parientes o amigos fueran a buscarlos o bien aprovechaban la estancia en el Hotel para conocer algo de lo que les esperaba afuera.
    En el Hotel, además del alojamiento y la comida, se brindaba una asistencia integral al inmigrante, que incluía la atención a todo tipo de cuestiones sanitarias. Además, había oficinas en las que se los asesoraba en cuestiones vinculadas a documentación, derechos, deberes y obligaciones, se les enseñaban algunos rudimentos del idioma nacional y también algunos oficios.
    Hoy, este mismo espacio sigue estando destinado a los migrantes, tanto para la gestión de sus documentos como para la gestión de la memoria, aquí en este museo de la inmigración.

    Inserción y legado

    Migrar activa numerosas cuestiones personales y colectivas. Entre otras, convierte a cada hombre o mujer en un “recién llegado”, en un “otro”, alguien diferente que ha de aprender, quizás, una nueva lengua, adaptarse a otras prácticas sociales y culturales, adquirir otro trabajo, otros hábitos, en el camino que lo llevará a integrarse en el lugar elegido. Este, a su vez, se verá modificado de algún modo también por el flujo de los grupos que, desde distintos orígenes, se van mezclando.
    En este sentido, las distintas corrientes inmigratorias modelan notablemente la conformación de la población y la cultura de nuestro país. Buenos Aires se erige en centro receptor y desde aquí muchos van al interior en busca de posibilidades de trabajo y progreso. La inserción, sin embargo, no está exenta de tensiones.
    Por ejemplo, en el caso de la inmigración histórica, el origen europeo no los eximió de calificaciones despectivas; “gallegos” y “tanos” como, por otra parte, “turcos” (como aglutinante de poblaciones árabes) y “rusos” (eufemismo para la población judía) son descriptos genéricamente como ignorantes e incultos, entre otros adjetivos. Si bien para los sectores dirigentes la inmigración europea iba a mejorar al país con su trabajo y su cultura, la introducción de ideologías anarquistas y socialistas y las prácticas de lucha sindical hicieron emerger actitudes xenofóbicas creando la figura del “mal” y el “buen” inmigrante de acuerdo con los términos que utilizaban los sectores reaccionarios y anti populares en nuestro país.
    Entre tanto, los inmigrantes construyeron redes de solidaridad por colectividades: crearon instituciones de ayuda mutua, centros culturales, asociaciones, clubes, escuelas, hospitales, etcétera, en busca de preservar su identidad de origen y sus tradiciones.
    Será la generación de los hijos de los inmigrantes la que se irá integrando a través de la educación, del servicio militar obligatorio y, luego de la ley Sáenz Peña, de la participación política.
    En la actualidad, la afluencia de personas de los países limítrofes así como la presencia sostenida de personas procedentes de Europa, Medio Oriente, Asia y África enriquecen la diversidad presente en nuestro país. Este museo aspira a dar cuenta de dicha diversidad.