Ser mujer: un trabajo 24/7

Especialistas de la UNTREF reflexionaron sobre uno de los numerosos reclamos que impulsaron el Paro Internacional de Mujeres: las desigualdades entre hombres y mujeres en el trabajo.

09-03-2018

Lejos de ser un día de festejo, el 8 de marzo en Argentina, como en otros 150 países más, se conmemoró con un Paro Internacional de Mujeres. Entre los diversos motivos que impulsaron la medida, como el reclamo de políticas que den respuesta a la violencia de género y el de una ley que despenalice la interrupción voluntaria del embarazo, se encuentran los que tienen que ver con el trabajo. Es así que en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, miles de mujeres dejaron sus lugares de trabajo para salir a la calle a exigir por las desigualdades que viven las mujeres y los hombres en el mercado laboral, que van desde la desigual inserción en los diferentes sectores y cargos, pasando por la brecha salarial y las diferentes condiciones a las que se tienen que enfrentar, hasta la profundización de esta inequidad cuando llegan a jubilados. A todo esto, se suman las demandas que tienen que ver con el trabajo invisibilizado de las mujeres: las tareas domésticas y del cuidado de la familia.

Desiguales desde el comienzo

Gimena de León, investigadora del CIPPEC, en comunicación con Estación UNTREF, dijo que las mujeres enfrentan mayores obstáculos que sus pares varones para insertarse en el mercado laboral. Lo más preocupante es que tienen más restricciones tan solo para iniciar la búsqueda de empleo. El indicador que muestra cómo están buscando empleo las mujeres es la tasa de actividad, que está estancada en el país desde hace 15 años. Mirando los datos de 2014, la tasa de actividad masculina era de un 54% mayor que el de las mujeres.

“Eso no se ha movido en el último tiempo y tiene que ver con la persistencia de estereotipos de género que marcan que las mujeres son más centrales en las tareas de cuidado”, afirmó De León. Se refleja en el hecho de que en los hogares con mayor cantidad de hijos, se va retrayendo la tasa de actividad femenina. “La presencia de niños en el hogar es el favor decisivo que hace que las mujeres participen o no en el mercado laboral”, agregó la especialista y explicó que esto es más problemático para las mujeres de bajos ingresos, porque las mujeres de clase media o clase media alta, lo que hacen es tercerizar el cuidado de los chicos a través de la contratación de ayuda doméstica o de jardines maternales privados. 

“Al no existir una oferta pública de cuidado que sea accesible para todas las familias, este elemento castiga más aún a las mujeres de bajos ingresos, quienes tienen una tasa de actividad aún mucho menor que las mujeres de sectores más acomodados. El tema de tener los niños a cargo hace que ni siquiera puedan salir a buscar trabajo”

 

La ideología de la domesticidad: una construcción histórica

Marina Becerra es investigadora, docente e integrante de la Red Interdisciplinaria de Estudios de Género de la UNTREF, donde trabajan, entre otros temas, las representaciones sobre maternidad y ciudadanía. En un estudio comparativo sobre estas representaciones a lo largo de la historia, desde la Red analizaron cómo se fue construyendo aquello que se llama la ideología de la domesticidad

Según Becerra, hay una concepción que relaciona la maternidad con el magisterio y la mujer y su origen se encuentra, entre diversos factores, en las políticas de Estado del siglo pasado: “desde el Estado se llamó a las mujeres a ocupar en masa los puestos de maestra. Se necesitaban muchas maestras porque a fines del siglo XIX, principios del XX, se sistematiza la educación básica. Las mujeres asisten a este llamado porque, en términos tanto simbólicos como materiales, estaban muy bien reconocidas”. Simbólicamente porque se trataba de un trabajo socialmente reconocido, y materialmente porque pagaban mejor que en los trabajos anteriores que venían ejerciendo las mujeres, que eran muy precarios y trabajaban junto a los niños.

“Hay algo que tiene que ver con la maternalización de las mujeres, con la construcción de que las mujeres serían naturalmente amorosas, maternales y por lo cual estarían aptas o serían ideales para ser maestras”.

En este sentido, explica la especialista, se da una paradoja histórica porque por un lado el Estado las convoca para educar a los futuros ciudadanos en un sistema que estaba creciendo exponencialmente para formar ciudadanos, pero a la vez que las convoca, las excluye de condición de ciudadanas: el derecho al voto recién se obtuvo en 1947. “Tampoco las mujeres tenían derechos civiles muy básicos, como por ejemplo la posibilidad de tener un negocio, de participar en juicios, de abrir una cuenta bancaria. Para todo eso necesitaban la autorización de los maridos o de los padres. Por supuesto no había divorcios”, agregó Becerra.

Lo sorprendente es que hablamos de una construcción histórica que, aunque con ciertos desplazamientos, sigue vigente hoy en día. Según Becerra, es un imaginario muy arraigado en los hombres como en las mujeres. Es algo que se empieza a cuestionar y se empieza a mover, tiene que ver con la fuerte ideología de la domesticidad que asocia la maternalización de las mujeres y la feminización de las tareas domésticas. En esa asociación, todas las tareas de cuidado quedan a cargo de las mujeres

“Con lo cual el Estado, y esa mitad de la población, los varones, quedan exentos de esa responsabilidad que en algunas sociedades, como por ejemplo en Uruguay, ya se ve que es una responsabilidad social. El propio Estado ya empezó a implementar políticas públicas de cuidado, de quienes necesitan cuidados, desarmando este supuesto tan arraigado en las sociedades de que esto tendría que estar a cargo de las mujeres”

 

Las tareas de cuidado: ¿un deber de las mujeres?

Carla Zibecchi, Doctora en Ciencias Sociales y especialista en políticas de cuidado del CEIPSU, explicó que nuestro país cuenta desde los ‘70 con una ley sobre guarderías en el trabajo que aún sigue sin implementarse. “Es un tema que está bastante en agenda, sobre todo en los países centrales. De a poco los países de América Latina lo estamos poniendo en debate también”, dijo sobre la políticas de cuidado, las cuales, agregó, deben ir acompañadas de la idea de que se trata de una responsabilidad colectiva y social, no únicamente de las mujeres.

 “Las políticas del cuidado tienden a colaborar, con las familias y principalmente con las mujeres que son las principales encargadas del cuidado, en que esta actividad y este trabajo sea distribuido más equitativamente entre varones y mujeres”

Zibecchi afirmó que la Argentina está en un estadío previo aunque hay áreas en las que se ha avanzado bastante: “Tenemos registro de que hay más de 100 proyectos en las Cámaras para modificar todo el tema de las licencias por maternidad e incorporar a los varones por las licencias por paternidad”. Estos proyectos avanzan en dos líneas: por un lado, en prolongar las licencias de maternidad y por otro en incorporar al progenitor varón en la tarea de cuidado en los primeros años. La especialista alcaró que también hay que pensar que el cuidado no se da solo en el momento de nacimiento, si no que hay que tener en cuenta los casos de enfermedad y discapacidad, y que todavía falta incorporar el cuidado de los familiares mayores.

“Que haya licencias especiales para el progenitor varón es importante. Pero también se tienen que dar cambios culturales. Más allá desde que las normas se impulsen, después tienen que haber transformaciones del orden cultural y que van a través del tiempo”

Hubo varios avances a nivel municipal de ampliar las licencias a los progenitores varones. La realidad es que todavía no hay investigaciones ciertas para saber si los varones están tomando estas licencias y cuándo se las toman. Efectivamente son cuidadores activos de estos niños recién nacidos.Tiene que ver con transformaciones que sabemos que van a hacer de más tiempo que las posibilidades que las políticas intervengan.

Por otro lado, Zibecchi resaltó que estos proyectos solo tienen en cuenta a la población que se encuentra del mercado laboral formal, por lo tanto quedan pendientes las políticas que protejan a los trabajadores informales y a la población desocupada.

¿Dónde están las mujeres en el mercado laboral?

Gimena de León señaló que las mujeres de menores ingresos trabajan como empleadas domésticas, hay un 20% de mujeres en el empleo doméstico y casi el 100% de ellas son de sectores socioeconómicos bajos. La docencia es otro fuerte sector que toma mano de obra fundamentalmente femenina, como también lo es la salud y diversas actividades que se caracterizan por ofrecer peores condiciones de trabajo formal, menores ingresos, o menores oportunidades de crecimiento comparado a los sectores en los que suelen insertarse los varones.

Por su parte, Cecilia Kligman, también integrante de la Red Interdisciplinaria de Estudios de Género, afirmó que “en lo que son los cargos docentes en general, hay una prevalencia femenina, pero cuando vos empezás a analizar en estructura el sistema educativo, los cargos jerárquicos siguen ocupados especialmente por varones. Eso tiene que ver con diferentes cuestiones, fundamentalmente con el tema del poder”. 

Florencia Cascardo explicó que esta desigualdad se reproduce en las diferentes capas de la sociedad, tanto en el sector público como privado y hasta en entidades que funcionan con una lógica diferente, como son las cooperativas de trabajo. 

Visibilizar, el primer paso

Siguiendo a Becerra, el tema de la división sexual del trabajo es una característica estructural de nuestra sociedad y va a llevar muchos años modificarlo. Pero se puede avanzar de cierta manera para que esto vaya modificándose, “visibilizar y hablar del tema ya es un paso muy importante”, expresó.

La manifestación de ayer tiene que ver con una voluntad de expresar un basta a las distintas situaciones de desigualdad, hay una adhesión muy fuerte. Pero además, dice Becerra, hay un costado más complejo que tiene que ver con “un cierto plegarse en un discurso políticamente correcto de personas en redes sociales, de instituciones incluso, cuando lo que se está pidiendo son respuestas a la sociedad toda y en particular a las autoridades del Estado para que se utilicen todas las herramientas que son institucionales y legales para frenar la violencia que se está viviendo”.

Aunque hay cuestiones que se han ido modificando, como el agenciamiento de las mujeres, en palabras de Becerra “la posibilidad que tenemos hoy de ejercer derechos y de estar en determinados espacios de decisión y ejercer desde algunos lugares de poder”, todavía queda mucho por hacer.